¡Basta de terricidios!

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A comienzo de marzo de este año, mujeres indígenas de todo el país comenzaron una caminata que culminará el 25 de mayo –Día de la Patria y la Revolución de Mayo–, en Buenos Aires. Allí, frente a las puertas del Congreso de la Nación se pedirá que el «Terricidio» sea considerado  como delito de lesa naturaleza y lesa humanidad. En esta entrevista, Dina Barrionuevo –integrante de Jaruma Movimiento de mujeres y disidencias indígenas Córdoba– explica de qué se trata este nuevo concepto y las razones que impulsan esta cruzada nacional, organizada por Mujeres por el buen vivir.

El reclamo también fue visibilizado en el centro de la ciudad de Córdoba. A través de una radio abierta, el 10 de mayo de 2021 se reunieron en la Plaza Camichingon (ex Plaza Colón) para acompañar y brindar apoyo a las mujeres que llevan adelante esta caminata contra del terricidio.
“Nos encontramos para corazonar, intencionar y ceremoniar, elevando nuestras voces para que las hermanas del bloque norte puedan continuar su marcha”, expresaban en sus intervenciones, que fueron celebradas mediante rondas, palabras, coplas y ritos para honrar la tierra.


“Esta caminata, iniciada a mediados de marzo de 2021, desde distintos puntos del territorio llamado Argentina, tiene el sentido de irnos encontrando con hermanas de cualquiera de las 36 naciones originarias que habitamos aquí”, cuenta Dina Barrionuevo. Organizada por Mujeres por el buen vivir la caminata se dividió en tres columnas: una de ellas, la columna sur, partió desde la ciudad de Bariloche; la columna del noreste, salió desde Formosa y la columna norte, partió desde la provincia de Jujuy. Son tres brazos de mujeres, que van sumando más caminantes a medida que avanzan, hasta que converjan el 25 de mayo, frente al Congreso de la Nación, en Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


“Caminar para darnos fuerza”

“Se trata de contarnos sobre cuestiones que nos preocupan, que afectan la vida, que la lastiman o la impiden. También compartir qué venimos haciendo para defenderla, cómo venimos re-existiendo a pesar de todo. Intercambiar formas de alimentarnos, de curarnos, de cuidarnos, danzas, poesía, ceremonias, cantos ancestrales, lugares sagrados. Y darnos fuerzas para seguir”, explica Dina Barrionuevo.
Además, en cada lugar donde van parando a descansar y encontrándose, es una nueva oportunidad para hacer sus asambleas; comunicarse con la gente de cada lugar. “Con las organizaciones y movimientos que, como nosotras, hacen cosas para defender las fuerzas de la vida, la naturaleza, los territorios”, agrega.

Pero principalmente, “caminamos para decir ¡Basta de Terricidio!” añade Dina Barrionuevo. El destino final de esta caminata es presentar el 25 de Mayo, en el Congreso de la Nación, un petitorio donde se exige que el Terricidio sea considerado un crimen de Lesa Naturaleza y Lesa Humanidad. «Así, los terricidas (sujetos siempre colectivos, ya que son empresas trasnacionales o gobiernos), podrán ser juzgados y condenados con penas máximas y el delito sea imprescriptible”, explica.
«Queremos que se detengan todas las políticas y actividades que destruyen nuestros territorios, que contaminan el Aire, la Tierra, el Agua (en todas sus formas, humedales, cuencas, lagos, ríos, glaciares, etc.), que destruyen Cerros, Bosques y Montes; todas ellas Fuerzas de la Vida, que sin ellas, los animales, ni las plantas, ni nosotrxs, podemos subsistir. Y los Espíritus tutelares de cada uno de estos espacios y seres, ya no estarán más para enseñarnos, guiarnos y cuidarnos y el desamparo será más grande todavía. Queremos que estos crímenes se detengan porque al destruir a todas estas Fuerzas, rompen el tejido armónico de alimentación, medicina, alegría, crecimiento, y compartir, que tenemos como pueblos antiguos”.

Dina Barrionuevo, integrante de Jaruma Movimiento de mujeres y disidencias indígenas Córdoba.

Terricidio

“El terricidio es una palabra creada para entrelazar muchas de nuestras opresiones históricas y presentes: es ecocidio, que significa la destrucción de la Naturaleza, de nuestro hogar: montes, bosques, cerros, humedales, ríos, lagos, glaciares, montañas. Todo lo que empresas de agronegocios, mineras y extractivistas están haciendo por todo el país, y que ante nuestros intentos de detenerlas, nos cae toda la crueldad del aparato represor del Estado que actúa como guardián de esas empresas, con ejército, policía, gendarmería y sistema judicial.

Terricidio también es feminicidio, que significa todos los daños hacia las vidas de las mujeres, y que las indígenas somos quienes venimos padeciendo, en nuestro territorio cuerpo, el racismo, la  mentalidad colonial, la discriminación y xenofobia, la misoginia, el chineo, la muerte de nuestrxs hijxs, el empobrecimiento económico por la pérdida de tierras, mas todos los sufrimientos de cualquier mujer.

Terricidio también es culturicidio, que significa la destrucción de nuestras formas de vida, de transmisión de saberes, de medicina, formas de alimentarnos, nuestras deidades y creencias, nuestras manifestaciones artísticas, porque desde la conquista y hasta ahora, solo ha cabido desprecio, descalificación, burla y humillación para nuestras prácticas, y el destrozo permanente de nuestros lugares sagrados y fuentes de nuestra vida.

Terricidio es también epistemicidio, que significa la eliminación, impedimento, anulación, de todas nuestras formas de conocer y de entender el mundo, la vida y sus procesos. Sólo se toma como única forma del saber, el conocimiento llamado científico, que sería la forma como Europa colonialista ha decidido interpretar un mundo enorme y rico y ha impuesto su forma a Abya Yala y a África. Y en todos los sistemas educativos y en la generalidad de la vida, se impone esa forma como la única válida y legítima, dejando para nuestros saberes, el lugar de la superchería, creencias míticas o mágicas, como formas de despretigiarlas y desconsiderarlas. Nosotras recuperamos la magia, los mitos, y todas las formas ancestrales, espirituales y empíricas de entender, interpretar y mejorar la vida.

Terricidio es también el intento de destrucción de nuestras espiritualidades, a través de la invasión en nuestras comunidades de iglesias financiadas por las mismas trasnacionales, que, aprovechando el empobrecimiento y la inaccesibilidad a otros medios, brindan algunos servicios educativos, asistenciales o musicales, e inoculan ideologías reaccionarias, machistas, verticalistas, discriminativas y racistas, generando extrañamiento de la propia historia e identidad”.


Tiempo de libertad

–¿Cómo perciben las mujeres indígenas el feminismo blanco?
“Respecto a los feminismos blancos, no me arrogo representatividad de las mujeres indígenas, que somos tantas y muy diferentes”, aclara Dina Barrionuevo. “Voy a dar mi opinión y a retomar la voz de hermanas en algunos congresos o encuentros feministas en donde hemos intentado juntarnos varios feminismos. Creo que es parte del epistemicidio que mencionaba antes. Como los estudios de género y los movimientos feministas se gestaron primero en el norte, y en ciertos ámbitos académicos y en ciertas clases sociales y aquí nos llegan desde esos mismos ámbitos y clases;  junto con una buena voluntad, una arrogancia colonial de quienes creen saber más, haber despertado y entendido antes; y se llega a las mujeres empobrecidas negras e indígenas, a través de proyectos de agencias de cooperación; a enseñarnos, a concientizarnos, por ejemplo sobre la desigualdad de género en la división del trabajo, entre lo productivo y lo reproductivo, el mundo doméstico y el mundo público…, y resulta que la mayoría de indígenas y negras, nunca tuvo en exclusividad un mundo doméstico, porque se trabaja en las calles, en las ferias, en las plantaciones, en las minas. Lo que se sufre más agudamente es el racismo y la discriminación (por color y rasgos físicos, y por pobreza económica), la explotación laboral extrema, todas condiciones compartidas con los compañeros varones y no así con las hermanas feministas.
Muchas de nuestras luchas y reivindicaciones tienen que ver con defender la mismísima sobrevivencia, porque generalmente está amenazada. Entonces los feminismos, no han sabido cómo catalogarnos. Nos ponen a veces como movimientos por derechos humanos aunque nuestras demandas no sean exactamente las mismas o no las llamemos de la misma forma. A veces cuesta incluirnos, o que nos sintamos parte de lo mismo. Pero creo que todas ansiamos ya salir de tantos dolores y penas. Creo que hay muchos feminismos, y que lo nuevo en ellos es nuestras ganas de escucharnos, de comprendernos, de desterrar toda desigualdad. De crear un tiempo de amor y de armonía, cuidando y respetando la vida en todas sus manifestaciones. Un tiempo, por fin, de libertad”.


Texto y fotos: Irina Morán – Área de Comunicación del Museo de Antropología de la UNC