Ongamira: huellas del pasado y cultura viva


Facebook
Twitter
Instagram

Situado a 122 kilómetros de la capital cordobesa, el valle de Ongamira, atesora un pasado de más de 120 millones de años. Para llegar hasta el sitio arqueológico “Alero Deodoro Roca” se deben recorrer unos 17 kilómetros de un camino de tierra, por la ruta provincial 17, después de pasar por Capilla del Monte. 

Sin dudas, el paisaje de Ongamira despierta un extraño encanto sublime. Sobre todo, al observar esa vegetación serrana, donde irrumpen una serie de cerros de roca color rojiza y contornos caprichosos, producidos por la erosión poderosa del viento y la lluvia.  

En esta tierra de comechingones, bajo el alero y las grutas naturales que se forman en estos cerros, se encuentra el sitio arqueológico denominado “Alero Deodoro Roca”, ubicado dentro de la estancia perteneciente a la familia Supaga.
Históricamente, este lugar fue investigado por Aníbal Montes y Alberto Rex González en los años ’40 y ´50. El sitio se designó con el nombre Deodoro Roca, en homenaje al legado de este gran intelectual, protagonista de la Reforma Universitaria de 1918, que no sólo vivió y escribió en este valle sino que además, alentó al estudio y el origen del lugar.

Actualmente, el “Proyecto Arqueológico Ongamira” tiene casi una década. Surge en el año 2010 bajo la motivación de un grupo de arqueólogos de La Plata, interesados en desarrollar su disciplina dentro de la provincia de Córdoba.
El interés por el pasado de Ongamira – expresa la doctora Roxana Cattaneo, integrante del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR)-CONICET– «es estudiar esas primeras sociedades, cazadoras recolectoras, que habitaron esta región serrana de Córdoba, con el interés de aportar, mediante una mirada interdisciplinaria –combinando el trabajo de biólogos, físicos, matemáticos, químicos, geólogos y antropólogos– una idea más completa de ese pasado, que implica no sólo la vida de las personas, sino también cómo era su propio habitad”. 

Otro de los atractivos, educativos y didácticos con el que trabaja el equipo del Proyecto Ongamira, es el Museo Viajero. Se trata de una sala móvil que cuenta con la muestra ‘Secretos bajo el alero: arqueología en el valle de Ongamira’, donde cada visitante puede observar una porción de algunas colecciones típicas de la zona, además de visualizar un mapa que muestra el lugar donde se encuentran distribuidas las comunidades de pueblos originarios de Córdoba. Así lo explica, el actual director de Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR), el doctor Andrés Izeta.

De esta forma, el grupo multidisciplinario que lleva adelante distintos proyectos y actividades, en el marco del Proyecto Ongamira, se compone por: Roxana Cáttaneo, Andrés Izeta, José Caminoa, Andrés Robledo, Julián Mignino, Camila Brizuela, Paula Weihmüller, Humberto Aguilar, Ornella Brancolini Pedetti, Isabel Prado, Maximiliano Córdoba, Marcela Tintilay y Bernarda Conte.
El grupo, se caracteriza no sólo por motorizar y enriquecer el conocimiento de este proyecto, que ya lleva casi una década. Además, ha sumado jóvenes arquéologos egresados de la UNC y ha sabido tejer vínculos fraternos con los pobladores del lugar, con la comunidad educativa de cuatro escuelas públicas rurales y con el Centro Recreativo Cultural Deodoro Roca.

Una casa con historia
Este museo recreativo se trata de la pequeña casa de descanso, donde vivió temporalmente el doctor Deodoro Roca: uno de los jóvenes intelectuales más lúcidos y protagonistas más conocidos de la mítica Reforma Universitaria de 1918. Aquí se resguardan objetos y documentos valiosos, que son parte de la gesta que marcó la vida democrática de la Universidad Nacional de Córdoba.   
Humberto Feliciano Supaga es el dueño y anfitrión de esta Casa Museo. Además de ser un gran conocedor de esta historia, dado que su bisabuelo fue amigo personal de Dedoro Roca.

Así, desde 1995 comenzó a reunir muchas de las piezas que componen hoy este Centro Cultural, que además colinda con una  vieja pulpería, construida en 1880.
Uno de los objetos más preciados y simbólicos que resguarda esa casa-museo es la vieja máquina de escribir Continental que se usó para redactar el Manifiesto Liminar de la Reforma de 1918. Además, se pueden apreciar alrededor de unas 24 mil piezas y objetos antiguos, que dan cuenta de toda una forma de vida típica, en esta  zona.
De esta forma, el grupo humano que integra el “Proyecto de Ongamira” teje lazos profundos con toda la  comunidad del lugar, en un diálogo de saberes continuo, que se fortalece entre el conocimiento que producen y recuperan los investigadores universitarios y las huellas originarias de un pasado que se resguarda, entre nuevas voces y formas de vida.

Texto y Fotos: Irina Morán
Videos: realizados por el Centro de Producción Audiovisual de la Facultad de Artes de la UNC, en el marco del Plan de producción de contenidos federales de la Red Nacional Audiovisual Universitaria, dependiente del Consejo Interuniversitario Nacional.