“¿Te echás culpas de algo?”


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“¿Te echás culpas de algo?”, fue la pregunta que formuló Fabiana Dal Prá, el 21 de julio, durante una entrevista emitida por el Noticiero de Canal 12, a una joven víctima de violación en barrio Las Palmas. Pero esta vez, la pregunta resultó el punto de quiebre que terminó de evidenciar la perspectiva patriarcal asumida por esta conductora televisiva, a lo largo de su carrera, cuando le ha tocado opinar o abordar cuestiones de género.

La reacción en redes no se hizo esperar. De manera automática, cientos de personas, entre ellas muchxs colegas de la profesión, le marcaron la cancha, repudiando la actitud nociva de esa pregunta que, sabemos, revictimiza a la persona que ha sido vulnerada, y devela también una carente formación en temas de género.

Porque tampoco es la primera vez que Fabiana Dal Prá incurre en una minimización o especie de justificación sobre un acto de violencia sexual. Recordemos que ya en el 2019, también bajo la responsabilidad social de conducir el Noticiero de Canal 12, al opinar sobre el caso de Lautaro Teruel, acusado de abuso sexual a una niña de diez años, calificó al aire el hecho como un mero “error”.

Por ello, desde el colectivo de periodistas y artistas de Ni Una Menos Córdoba, ante la desafortunada pregunta: “¿Te echás culpas de algo?”, señalaron que “son actitudes que alimentan la cultura de la violación, como conjunto de creencias y conductas que legitiman la violencia sexual y conducen a la falta de solidaridad con lxs sobrevivientes de violaciones y abusos”. A su vez, indicaron que “con estas acciones se deslegitima a la víctima, en lugar de poner el foco en el atacante quien es el verdadero responsable del hecho”.

Foto: Natalia Roca.


“En Argentina, tenemos leyes como la 26.522 que regula el accionar de los medios y la 26.485 de Protección Integral para las Mujeres. Cuestionar a una víctima en una entrevista es violencia mediática. Perspectiva de género para ElDoce.tv.  #LeyMicaelaUrgente resultó el texto más compartido por los usuarios de facebook y twitter, recordándole a la periodista y a lxs propietarixs, editorxs y productorxs de Canal 12, el avance en materia de género y los derechos vigentes en el país que deben ser respetados. #NoALaViolenciaMediatica fue otro de los hashtags, que surgió como respuesta y reclamo legítimo y se pudo leer en los muros de las redes, como uno de los recursos más inmediatos que poseen hoy las audiencias.

A su vez, la abogada feminista Mayca Balaguer, integrante de la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (FUNDEPS), dejó sentada una denuncia ante la Defensoría del Público, bajo el argumento de que el desempeño de Dal Prá, con la formulación de esa pregunta, viola los derechos de las audiencias, ejerce violencia mediática y estigmatiza a la persona que ha sido vulnerada.

Finalmente, desde la esfera profesional, el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren), también emitió un comunicado público donde expresa el repudio sobre “el tratamiento realizado en los programas el Lagarto Show y el noticiero central del mediodía de Canal 12, en donde se incurrió en violencia mediática. Enfocar la culpabilidad hacia la víctima en programas de horario central nos pone en un lugar incómodo como sociedad, y es nuestra obligación no dejar pasar esta situación, no naturalizarla y exigir de manera inmediata la obligatoriedad en la formación y el abordaje de las noticias con perspectiva de género, como así también la aplicación de la Ley Micaela en los medios de nuestra provincia”, expresaron en forma categórica en un documento más extenso, que fue avalado por el conjunto del gremio.

Foto Natalia Roca

Luz roja 

Pero ¿Qué sucede dentro de las estructuras de los medios de comunicación de Córdoba –públicos y/o privados–, que cada vez más son señalados por el ejercicio del machismo y la falta de capacitación en relación a los temas de género?

¿Por qué siguen vigentes tantos formatos rígidos y poco atractivos, donde alrededor de las mesas radiales y televisivas aún imperan, en su mayoría, voces masculinas o sin perspectiva de género? ¿Qué roles desempeñan las mujeres dentro de las estructuras de los medios? ¿Cómo son sus contrataciones y salarios? ¿Qué puestos de poder, al aire, frente y detrás de las pantallas ocupan? ¿Se pensó alguna vez en la importancia de visibilizar y dar lugar a otras identidades de género?

¿Cuáles son las mayores asimetrías que reinan entre los géneros, que terminan sosteniendo y legitimando esas mismas estructuras machistas, que luego se traducen, generan y reproducen contenidos que laceran derechos?

Los resultados del último informe elaborado entre 2017 y 2018 por la FUNDEPS y la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad, centrado en indagar sobre la igualdad en el acceso a las oportunidades de trabajo a mujeres cis, mujeres trans o varones trans en medios de comunicación, arrojan una alarma roja. Las desigualdades regionales y asimetrías entre géneros dentro de los medios y empresas periodísticas son evidentes y muy grandes. Existe una brecha del 13,71% en la participación de mujeres cis en las empresas de medios entre la capital del país y la ciudad de Córdoba.

Las cifras de Córdoba Capital arrojan que, del total de las personas empleadas por las empresas de medios analizadas, sólo el 23,29% son mujeres cis y no hay ninguna persona trans, lo que da como resultado, una brecha de género del 52,62%. También se indica que “todos los medios están por encima de este promedio, excepto tres medios grandes, dos de los cuales son públicos: un medio gráfico privado grande con un porcentaje del 21,59% de mujeres cis, otro medio audiovisual público grande con un 20,96% y una radio pública grande con un 23,08%.”

Y los datos que resultan aún más preocupantes son los relacionados a los puestos y cargos jerárquicos y/o de poder que ocupan varones cis o mujeres cis. Según este informe, “la situación en los altos mandos y/o de propiedad, donde la presencia de mujeres cis se reduce a sólo a un 12%. Las cifras ofrecidas por las empresas de medios de Córdoba, se encuentran muy por debajo del promedio al analizar la participación de mujeres cis dentro de sus estructuras laborales”. 

En cuanto a los cargos jerárquicos periodísticos o de mandos medios, en los llamados medios gráficos existe una menor presencia femenina en los cargos gerenciales y de propiedad, mientras que sí hay una mayor presencia femenina de estos cargos, en las radios. Los medios más democráticos, en este punto, son los más pequeños y medianos.

Es decir, el informe retrata un estado de situación muy dispar donde el problema de la desigualdad existe y una de las formas en las que se manifiesta es en lo que se conoce como “el techo de cristal”. Es así como, a medida en que se desciende hacia la base de la pirámide empresarial, se encuentra allí una mayor cantidad de mujeres cis en diferentes cargos. Por el contrario, “lo que más se evidencia es la falta de mujeres en puestos de toma de decisión, dentro de los distintos niveles de las estructuras en todas las empresas y medios.”

Foto: Natalia Roca

Temas “livianitos o fríos”

Pero entonces… ¿Qué roles ocupan las mujeres cis en los medios? De acuerdo a la identidad de género de cada persona, la división patriarcal de roles ha hecho que las mujeres cis en los medios se ocupen por lo general de abordar los temas “fríos” de agenda y con menor incidencia en aspectos políticos o económicos.

Así, resulta natural observar a mujeres cis –muchas veces jóvenes, con cuerpos y rostros que encajen en los manidos estereotipos de cierta belleza hegemónica–, en programas de magazine de la tarde, a cargo de los suplementos de cultura, en las secciones de sociedad, abordando columnas de salud, con temas de educación, y claro, también al frente de la agenda –aún marginal– de temas de género. En su cara opuesta, “naturalmente” también vemos a los varones cis –libres de bellezas hegemónicas–, al frente de la mayoría de las jefaturas de las secciones, en las conducciones centrales de programas televisivos o radiales y a cargo de lo que se entienden son las áreas más importantes o “calientes” de la agenda periodística: economía y política, sustancialmente. De esta manera, explica el informe, “la división sexual del trabajo se reproduce también dentro de las empresas de medios, a través de la asignación temática y de puestos según género”.

Finalmente, entre otros items, el informe denota que ninguna de las empresas analizadas cuenta con oficinas dedicadas a la realización de denuncias por abuso sexual, maltratos, discriminación o violencia de género. Un caso emblemático en 2019, fue cuando se produjo la denuncia realizada contra Max Delupi: el conductor del programa ¿Qué pretende usted de mí?, de Radio Universidad y miembro del programa La Gran Estafa por AM750. La actriz Mariel Soria cuestionó la decisión de la revista “Desterradxs Córdoba”, por presentar a Delupi como personaje destacado en la tapa, acción que derivó en que la abogada y periodista Laura Leonelli Morey publicara un reclamo público en facebook, hacia la misma revista. La publicación de Leonelli denunciaba que Max Delupi había sometido a varias mujeres a situaciones de maltrato laboral y violencia de género. A este reclamo adhirieron luego una red de más de 400 periodistas, artistas, políticas, académicas y referentes sociales.

Las medidas colectivas, que fueron respaldadas incluso por autoridades universitarias y mujeres de alta referencia dentro del feminismo y la política de Córdoba, dieron como resultado que el Directorio de los SRT decidiera apartar al conductor del ciclo radial y en base a esto, la Decana de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UNC, Mariela Parisi, impulsó una nueva y novedosa medida para los SRT, como medio universitario. Con el objetivo de garantizar la perspectiva de género, diversidad e inclusión en los contenidos, se decidió nombrar y designar a una editora de género. El cargo actualmente está ocupado por la periodista Gabriella Weller quien, además integra la Red PAR (Periodistas de Argentina en Red) por una comunicación no sexista.

Alzar las voces 

Así, luego de un retrato minucioso sobre la realidad que impera dentro de la mayoría de los medios de comunicación de Córdoba, resulta imprescindible, para su democratización en contenidos, diversidad y perspectivas de género, sacudir el óxido machista que impera en sus estructuras, desde los ámbitos que profesionalmente nos toque. Si trabajamos en medios, capacitarnos y dejar de naturalizar las brechas y desigualdades existentes es un buen punto de partida. Si somos audiencia, podemos alzar las voces dentro de nuestras redes y muros. Si pertenecemos a colectivos feministas, actuar en red y de manera sorora es una fórmula casi infalible. 

Pero… ¿Se hace lo suficiente desde las instituciones académicas –públicas y privadas–, responsables de formar y legitimar con un título a quienes luego tendrán el rol social de ocupar un lugar dentro de un diario, un noticiero, un programa radial, un medio digital, un área o una sección en un medio de comunicación? ¿Por qué existe, a su vez, tanta resistencia en asistir a los cursos o talleres de capacitación, fundamentales para estar en sintonía con un marco legal vigente, surgido como resultado de más de un siglo de luchas políticas y conquistas feministas?

Soledad Ceballos es comunicadora social, de amplia formación en género, y es trabajadora de la Defensoría del Público. Al ser consultada sobre las denuncias y repudio por el desempeño de Fabiana Dal Prá, cuenta que en general el organismo analiza si efectivamente lo que se dijo y se mostró en el noticiero de Canal 12, vulnera el derecho a la comunicación desde una perspectiva de género. “En función del procedimiento que históricamente se ha hecho en la Defensoría del Público, el organismo se pondría en contacto con el medio, con el o la periodista, para evaluar el modo de reparación del derecho vulnerado. Podrían proponerse talleres de formación, pedidos de disculpas, columnas con especialistas capacitadxs en abordar la temática. No hay una fórmula exacta para reparar ese daño, pero sí se abre un canal de diálogo y esto tiene que ver con una mirada pedagógica, respecto a la sensibilización y la formación, que se acuerda entre el organismo y el medio”, explica.

A su vez Ceballos, señala que resulta fundamental pensar el vínculo comunicación-género.  “Es necesario tener en cuenta la legislación que nos brinda ese paraguas legal para comprender el derecho a la comunicación y la perspectiva de género. No solamente porque la Ley 24.685 nos habilitó a entender que la violencia contra las mujeres y la violencia de género no es solamente la violencia física, sino que también le da el contexto y el sentido al reconocimiento de las violencias simbólicas y mediáticas”, explica. Además, “la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual nos trajo otro contexto más específico de los medios audiovisuales. El artículo 3 inciso M, en la Ley 26.522 y los artículos 70 y 71, fueron logrados a partir de todo el proceso que significó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en nuestro país, enriquecido bajo distintos foros de discusión en todo el territorio nacional. También, gracias al trabajo inmenso de las organizaciones feministas, periodistas y comunicadoras feministas que estuvimos en esos foros que se hicieron en aquellos años. Estos artículos se lograron al calor de esas discusiones, específicamente nos permiten ahora  entender la importancia de comprender el derecho a la comunicación desde una perspectiva de género”.

“Es necesaria la responsabilidad periodística y de lxs comunicadorxs, de entender que todas aquellas reproducciones, naturalizaciones y discriminaciones que en los medios de comunicación se hacen respecto a los géneros, proponen una construcción de la realidad que naturaliza ciertas violencias”, añade. “No podemos dejar de mirar a esas violencias simbólicas y mediáticas como uno de los engranajes que hacen a la complejidad de la violencia de género. La legislación resulta una herramienta fundamental que, por lo general, a quienes ejercen el periodismo les cuesta mucho tomar en cuenta. Les cuesta mucho mirar y hay muchas reticencias a pensar en términos de legislación, de la comunicación legislada”, afirma Ceballos.


“Y la culpa no era mía…”

Para concluir, el desempeño profesional de Fabiana Dal Prá, además de evidenciar su posicionamiento personal, es también el resultado casi lógico de estas estructuras anquilosadas que, con el paso de los años, se modifican muy poco en los medios de Córdoba. Mucho más aquellas que, como Canal 12 se encuentran dentro un lugar prácticamente hegemónico en la red de medios y en el manejo de los niveles de audiencia. Existe una responsabilidad directa en quienes detentan los cargos de poder y en los intereses políticos y económicos a los que se responde. En quienes deciden qué contenido se publica, qué se pone al aire, qué se deja ver, escuchar y leer. Y también, nos cabe una responsabilidad como la sociedad cordobesa que somos. Como parte de esas audiencias pasivas, que pocas veces alza la voz, y que por lo general consume sin cuestionamientos críticos lo que se produce desde los medios. Por eso, si queremos cambiar, tal como se reclamó en los redes y desde los distintos organismos especializados, la Ley Micaela, la ESI en las Escuelas, la formación en temáticas específicas de los colectivos LGBTTTIQA+, los talleres y cursos de capacitación resultan instrumentos disponibles y necesarios para capacitarnxs en temas de género, ante la posibilidad real de constituir una sociedad con medios y contenidos más democráticos, inclusivos y libres de violencias.

Texto: Irina Morán – Responsable de Área de Comunicación del Museo de Antropología de la UNC – Integrante del Equipo ESI de la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano – UNC.
Fotos: Natalia Roca
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Producción periodística: Damiana Cuello, Carlos Martoglio – Área de Comunicación del Museo de Antropología de la UNC.
Fabiola Heredia – Directora del Museo del Antropología de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la la UNC.