Se nos fue el gran maestro Juan de Dios Yapita


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“Partió rodeado de cariño y acompañado por los suyos, en su casa en Sopocachi, en La Paz, a la edad de 89 años, luego de una vida plena e intensa”, escribe Francisco Pazzarelli –antropólogo de Instituto de Antropología de Córdoba y el Museo de Antropología de la UNC– en esta sentida semblanza, en homenaje al gran maestro de la cultura aymara, Juan de Dios Yapita.

Juan de Dios Yapita.

Juan de Dios nació en la estancia Calämaya, en Compi, en 1931 (en la provincia de Omasuyos del departamento de La Paz, Bolivia). Pasó su infancia con su familia aymara a orillas del lago Titicaca y muy joven se mudó a la capital, donde aprendió el idioma español, pues era monolingüe, y luego el oficio de contaduría. Tempranamente, dejó su trabajo y se dedicó al estudio de las lenguas y la lingüística.

En 1968 ingresó al Departamento de Idiomas de la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, donde pasó a enseñar aymara y a participar de proyectos con lingüistas de todo el mundo, colaborando en la elaboración del alfabeto fonémico contemporáneo y de la producción de materiales para el estudio y enseñanza de la gramática. Unos diez años después, en 1979, participaría en la creación de la Carrera de Lingüística e Idiomas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la misma Universidad, que se inauguró con una mención en Lingüística Aymara y Quechua.

En 1972, cofundó el Instituto de Lengua y Cultura Aymara (ILCA), desde donde se impartían cursos y cursillos de aprendizaje de la lengua y escritura aymara para hablantes y no hablantes. El trabajo de difusión del aymara realizado por ILCA desde su fundación hasta el día de hoy es inigualable, y trascendió las fronteras y los formatos: gacetillas, emisiones por radio y TV, columnas en periódicos, plataformas online y decenas de materiales y libros de enseñanza, incluyendo su famoso “Método fácil”. ILCA se transformó así en una referencia indiscutida para la enseñanza de la lengua y cultura aymara, en todo el mundo.

A mediados de los años ´80, la vida de Juan de Dios dio un giro cuando conoció a la antropóloga Denise Arnold, y ambos se convirtieron en compañeros inseparables. Hace unos años ella nos contaba que en esa época había viajado desde Reino Unido decidida a internarse en las tierras bajas bolivianas para realizar la etnografía para su doctorado, pero… “me he encontrado con Juan de Dios y con el mundo aymara”. Durante más de 35 años caminaron juntos. No dejaron de sorprendernos ni un instante, con sus proyectos y libros que cambiaron las formas en que la lingüística y la antropología pensaron a las sociedades indígenas altoandinas. La colaboración entre ellxs produjo, entre otras obras excepcionales, “Río de vellón, río de canto: cantar a los animales: Una poética andina de la creación” (1998), donde analizan el universo poético de las pastoras del altiplano andino y “El rincón de las cabezas: luchas textuales, educación y tierras en los Andes” (2000), donde estudian las fricciones entre las reformas educativas bilingües y la sociocosmología local. Sus ideas marcaron para siempre la formación de muchxs de nosotrxs; luego de conocerlxs, nunca volvimos a ser lxs mismxs.

En 2009 iniciamos nuestras colaboraciones con algunos intercambios y proyectos en común. Juan de Dios y Denise visitaron el Museo de Antropología y la Facultad de Filosofía y Humanidades, en 2013 y en 2018, acompañando diferentes actividades académicas que se realizaron en el marco del Núcleo Naturaleza Cultura y del Doctorado en Ciencias Antropológicas. Cada ocasión convocaba a muchxs estudiantes, docentes e investigadorxs de dentro y fuera del país, que viajaban y asistían para conocerlxs y tener la oportunidad de charlar con ellxs. Nadie quería perdérselo. Juan de Dios siempre nos acogía con sus ideas, con su buen humor y su vitalidad.

Le encantaba conocer gente nueva, charlaba especialmente con lxs estudiantes que comenzaban su formación y no dejaba de dar consejos que todavía resuenan hasta hoy. Muchxs fuimos sus alumnxs: nos daba clases aprovechando las visitas, conectándose a internet cuando estábamos lejos o armando cursos intensivos en La Paz.

Muchas de sus clases terminaba con la tarea de repetir, una vez más, aruskipt’asipxañanakasakipunirakispawa, una de las palabras más largas del aymara, cuya arquitectura nace de la raíz aruskipasiña (comunicarse) y termina de formarse mediante la adición de 13 sufijos. Puede traducirse de varias formas (Juan de Dios tal vez diría que no todo es traducible y que eso está bien), pero una de las opciones que él elegía era: “estamos obligados a comunicarnos, a pesar de toda la conflictividad con que actuamos los seres humanos, que, además, afrontamos y solucionamos con la comunicación”.

Ante cualquier ansiedad de nuestra parte siempre respondía que sólo se puede aprender paso a paso, y de la misma forma se enseña: como se levanta una casa, de a poco y sin dejar huecos. Así nos acercaba otra forma de traducir yatichaña (enseñar) y yatiqaña (aprender), pero también nos dejaba una lección sobre el tiempo y las fantasías de lo inmediato.

Juan de Dios Yapita, aymar aru yatichiri. Jikisinkama! Amtapxapinïmawa! Jallalla Tata Yapita!

Por: Dr. Francisco Pazzarelli
IDACOR – Museo de Antropología – FFyH – UNC.