Egipto: madre del mundo, el Corán y el calefón


Twitter
Visit Us
Follow Me
Instagram

El 3 de abril de 2021, el Cairo fue escenario de la llamada Pharahos Golden Parade[1]. La ocasión fue el traslado de los cuerpos momificados de 19 faraones. En esta nota, la arqueóloga Bernarda Marconetto y la historiadora /egiptóloga, Silvana Yomaha –investigadoras del IDACOR, CONICET – Museo de Antropología, UNC– reflexionan en torno a este espectáculo inédito trasmitido por las pantallas del mundo, sus múltiples lecturas y sentidos; dentro de la compleja realidad histórica, política y económica de Egipto.


“Barcas solares” en las que se trasladaron las momias faraónicas.

Mientras la cristiandad se preparaba para conmemorar el domingo de Pascua de resurrección y lxs musulmanxs se aprestaban a la llegada del Ramadan, el sábado 3 de abril de 2021, el Cairo fue escenario de la llamada Pharahos Golden Parade[2]. La ocasión fue el traslado de los cuerpos momificados de 19 faraones. Entre estos se encuentra Hatshepsut, aun siendo mujer y 3 hijas y consortes de faraones. Fueron trasladados desde el Museo Egipcio del Cairo ubicado en la Plaza Tahrir, corazón de la revolución de 2011, al recién inaugurado Museo Nacional de la Civilización Egipcia en las afueras del Cairo. No se trata del renombrado Gran Museo Egipcio, aun en construcción en Giza, que se alzará cercano a las pirámides, a pesar de que muchxs espectadorxs pensaron se trataba de esa inauguración.

El evento fue presentado al mundo en inglés como Parade o (desfile) y en árabe como  موكب المومياوات (maukb el mumiauat) que puede traducirse tanto como desfile, procesión y/o cortejo de las momias. El término  موكب  se empleó en la prensa y difusión internacional como desfile o parade tal vez para occidentalizar el evento, aunque, las performances remitían ciertamente a una procesión o cortejo fúnebre, análogos a los de tiempos faraónicos, con alguna iluminación laser extra en esta oportunidad y con carros de asalto militares travestidos en barcas solares.

La performance implicó la reestructuración material del centro neurálgico de la capital egipcia. El Cairo, con sus 20 millones de habitantes se detuvo. Fue un retorno, in illo témpore diría Mircea Eliade.  Una evocación de un espacio y tiempo sagrados se escenificó y, por momentos, hacía pensar que se contemplaban celebraciones y prácticas del Egipto faraónico: las vías procesionales, los estandartes (maat) como señalética, las escenas montadas en los sitios declarados patrimonio de la humanidad, el paseo por el Nilo, los atavíos de sacerdotes y sacerdotisas de Isis, la orquesta sinfónica y sus músicxs ejecutando instrumentos -como el rababa- que contemplamos en la decoración de templos y tumbas del período faraónico, el himno a Isis cantado en egipcio antiguo…

Abarcar los múltiples aspectos (geopolíticos, científicos, de género, religiosos) involucrados en ese sólo evento sería imposible aquí en tanto se despliegan, enredan y multiplican apenas intentamos tirar de alguna de las hebras del entramado. Más allá de esta complejidad, ensayamos aquí algunos pensamientos que despertaban mientras seguíamos el evento desde nuestras pantallas al otro extremo del mundo.

Las momias errantes

Este no fue el primer viaje de estas momias, para varias de ellas, en especial para las llamadas momias errantes, fue sólo uno más. Todos estos personajes pasaron ya por una procesión al morir y cruzar el Nilo en barca hacia el Oeste, seguidos hasta su tumba por un cortejo, “lloronas” y ofrendas. A inicios de la XXI dinastía, hacia el 1080 AC, dadas las revueltas y saqueos a tumbas reales que se sucedían, los sacerdotes de Amón deciden reinhumar las momias de buena parte de los faraones a fin de protegerlas. En estos escondites conocidos como “cachettes” fueron encontrados los restos de varios de los soberanos trasladados al nuevo museo. En 1871, los hermanos Abd-el-Rassul habitantes de Qurna, localidad asentada sobre lo que fuera la necrópolis de Tebas, encuentran uno de estos reentierros cerca de Deir el Bahari en la ribera occidental de Luxor. Diez años más tarde el Servicio de Antigüedades bajo la dirección de Gastón Maspero saca las 42 momias de su escondite y las traslada al Cairo. En los relatos acerca de ese traslado, desde la Necrópolis de Tebas hasta la orilla del Nilo y desde allí en barco hacia el Cairo, resuenan escenas del pasado (la gente siguiendo el cortejo, el ulular funebre de las mujeres) y también escenas del sábado 3 de abril de 2021: los hombres disparando fusiles al aire en aquella ocasión y las salvas de 21 cañones disparadas por las milicias del actual presidente egipcio, Abdelfatah Al Sisi. La pelicula Al Mummia[3] (1969) dirigida por Shadi Abdel Salam, ficciona ese episodio de la historia de la egiptologia.


Sarcófagos faraónicos cubiertos con banderas de la República Árabe de Egipto

En 1998, Victor Loret encuentra otra “cachette” en el valle de los reyes en la tumba del faraón Amenhotep II, trasladando luego los hallazgos al Cairo. Se trataba de otras 17 momias reales que, al igual que las de Deir el Bahari, fueron ocultas a salvaguarda de convulsiones de tiempos faraónicos. También algunos de esos cuerpos fueron trasladados en la Golden Parade días atrás.

Las momias de las cachettes, fueron llevadas a fines del siglo XIX al Cairo, al museo de Boulaq creado por Auguste Mariette en 1863, al que muy pronto le faltó espacio debido al aumento exponencial de los hallazgos por lo que las colecciones y las momias se trasladaron al palacio de 91 salas que había inaugurado Abbas Pacha Hilmi en 1890. Sin embargo, estuvieron allí hasta  1902, cuando se realiza la mudanza al Museo ubicado en la actual Plaza Tahrir. Las momias descansaron y recibieron visitas durante algo más de un siglo hasta llegar al nuevo museo de la Civilización Egipcia, lugar que el actual Ministro de Turismo y Antigüedades espera sea su última morada, aunque lo más posible es que no sea así. Vivir la eternidad implica ser testigo de cambios y al tiempo ser parte de ellos: ser gobernante-deidad, objeto de deseo o de ira en revueltas,  trofeos coloniales, emblemas nacionalistas, agentes de turismo, y centro de controversias, entre muchas otras opciones…

Arqueología y geopolítica: Egipto la Madre del Mundo (Masr Um-al-Dunya)

Como ya se ha debatido largamente, la disociación ciencia y política resulta a esta altura de la discusión una fantasía pueril (Latour 2012[4]). Así, la arqueología no escapa a esto, y particularmente la arqueología llevada a cabo en Egipto nos presenta la cuestión de manera magnificada.

Egipto tuvo hasta el año 2019 un Ministerio exclusivamente dedicado a las Antigüedades, devenido -no inocentemente- en 2020 en Ministerio de Turismo y Antigüedades. El turismo es la primera fuente de ingresos de divisas a Egipto, representando el 11 % del PBI y la asociación al pasado faraónico de estos ingresos es prácticamente indiscutible. La ecuación que asocia divisas, antigüedades y turismo, asociada a acciones y discursos tendientes a recuperar el arribo de visitantes perdidxs -por la Revolución de 2011, algunos atentados y el Covid19, con las amplias diferencias que estas implican- parece a priori sencilla, más no lo es tanto.

El presidente egipcio en la recepción de las momias faraónicas en el nuevo museo, dándoles la bienvenida de pie solo, de igual a igual, a aquellos que lo precedieron en gobernar esas tierras, fue una acción singular. Durante el resto de la ceremonia, permaneció sentado en un sillón junto a arreglos florales de tulipanes blancos -analogados a los lotos que acompañan las escenas funerarias- en una sala de teatro asimilada a un templo. Reforzadas estas acciones por primeros planos televisivos hacia el mandatario luego de la presentación en pantalla de logros arquitectónicos de su gestión. Un mensaje sin sonido parece intentar colarse: Egipto, sigue teniendo un faraón capaz de afrontar, como sus antecesores, diversos conflictos regionales que hoy lo desvelan: la represa de Etiopía sobre el Nilo que amenaza con secar sus campos, Libia, Israel, países del Golfo, entre otros.

Una mirada rápida podría llevarnos a interpretar el evento como un inédito despliegue de arqueología nacionalista, sin embargo, como suele ocurrir, las categorías quedan desbordadas facilmente, en particular en el Nilo. Un conjunto de notas nacionalistas suenan en una melodía universalista resultado de un complejo juego con occidente nacido en tiempos napoleónicos.

El desembarco de Napoleón y sus sabios a fines del siglo XVIII da a luz al más colonial de los saberes, la Egiptología, y al interés por ese espacio que fue transformado en el imaginario colectivo en la cuna de la civilización -occidental claro. En este paso, occidente, en especial Francia e Inglaterra, luego otros países europeos y los Estados Unidos se apropian simbólica y materialmente de objetos, tumbas, templos y cuerpos. Así el saqueo maridado a la “protección” estuvo vigente hasta la década del 80 del siglo XX con diversos matices incluida la patrimonialización.

Un punto remarcable en los últimos años y claramente observable en anuncios y acciones previos a la Pharaohs Golden Parade, se vincula a una interesante resignificación y cambio del locus de enunciación de la lógica de “cuna de la civilización” por parte del Estado Egipcio.


Obelisco de la Plaza Tahrir, frente a la cual se encuentra el viejo museo, iluminado con láser.

El desfile-procesión televisado en vivo, disponible en streaming desde cualquier punto del planeta, se dirigió “al mundo”, cabe preguntarse a cuál de todos los mundos que habitan este planeta. El idioma en el que los carros-barca llevaban inscriptos los nombres de los personajes que transportaban, era el inglés, los nombres eran precedidos de los apelativos King o Queen del lado de los vehículos que enfocaban a las cámaras internacionales y en árabe precedidos de los apelativos Malik o Malika, del lado visible al público local en las plateas y calles. Los nombres en jeroglífico sólo quedaron en los sarcófagos donde originalmente fueron apuntados y no en otro lado, porque esto asertivamente se trata del presente, y no del pasado.

A lo largo del pandémico 2020, Egipto aparecía recurrentemente en las noticias internacionales sucediéndose anuncios de descubrimientos de tumbas, al tiempo que, la plataforma Netflix extrenó Los secretos de la tumba de Saqqara, presentando los trabajos en la tumba de un sacerdote llamado Wahtye, llevados a cabo por un equipo egipcio. El denominador común de estos anuncios, de la película y de diversos documentales presentados por National Geographic a lo largo del año, es que las investigaciones están a cargo de equipos nacionales. Si bien participan extranjerxs de los trabajos, estos cumplen roles de asesoría técnica, y aun si los marcos teóricos de las investigaciones tienen aromas anglosajones, la dirección fue tomada por egipcixs.

Esta reconducción no está desvinculada de la resignificación dada a la “cuna de la civilización”. Un anuncio de 2018 de promoción turística proclama Luxor: your grandparent’s house[5], en un perfecto inglés una voz en off nos dice que sin importar quiénes somos, de dónde venimos, cómo llegamos ahí o por qué, estamos en casa, en Luxor, casa de nuestros abuelos. El discurso apela a la memoria emocional infantil de la alegría y la protección de ser recibidos en la casa de nuestrxs abuelxs. En un movimiento magistral, convierten en niñxs y jóvenes a los que proteger, a aquellxs que durante siglos se arrogaron el derecho a “proteger” sus bienes culturales (chapeau!).

Solemos hablar de colonialismo en el ámbito académico, sin embargo, países como Francia, Inglaterra o Italia se autodenominaron “protectorados” en el norte de Africa, tal vez debamos profundizar en ese concepto. En esos términos enseñaban a sus escolares sus tropelías coloniales y el discurso caló profundamente. Una amplia mayoría de lxs turistas -e investigadorxs- europexs que visitan Egipto naturaliza la idea de necesidad de cuidado y protección de esos bienes -cuidado extensible, a otros ámbitos como economía o política local.

Misr, Um al Dunya, Egipto, madre del mundo, viene siendo la piedra angular del discurso oficial del Estado Egipcio y fue reforzado en los anuncios previos y posteriores al traslado de las momias. Esta frase se alinea a ese cambio de locus de enunciación, del lugar de cuna al de madre de la civilización. Ciertamente no es lo mismo una cuna que una madre, en especial con el cambio de status ontológico que implica parir en esas tierras. Una mujer cambia su nombre al parir, deja de ser llamada por su nombre propio para ser designada como Um… -madre de …-. Um al dunya, ya no es simplemente Egipto.

Controversias faraónicas, el Corán y el calefón.

Relevar comentarios de lectorxs en periódicos digitales o en redes no es una tarea saludable, sin embargo, salvada la indignación en ciertos casos, constituyen una interesante fuente de inspiración a la reflexión. Tras la Golden Parade, decidimos dar un vistazo a repercusiones sobre la noticia tanto en Egipto como en la prensa argentina.

En ambos espacios pudimos vislumbrar controversias, pero sobre todo, dar cuenta de que las materialidades arqueológicas muy lejos están de ser pasado. Insistimos, esto no se trata del pasado, sino como ya dijimos, del presente.

En las redes sociales del Ministerio de Turismo y Antigüedades y en la prensa oficialista, predominan las felicitaciones por el evento, las miradas positivas y expresiones de orgullo nacional condimentadas con abundantes emojis de banderas egipcias. Por su parte, Al Jazeera masry, grupo de prensa de origen qatarí, no alineado al oficialismo egipcio sino a posturas políticas proislámicas, presentaba mayoritariamente críticas al evento. Desde las declaraciones de un imán aludiendo a que el Ministerio merecía el Oscar a los efectos especiales -comentario muy festejado en las redes- hasta atendibles críticas a la alta inversión de dinero que implicó el evento en contraposición a los problemas de infraestructura sanitaria y de otras índoles que afronta el país; tampoco faltaron la indignación religiosa por la adoración a momias cuando No hay más Dios que Alá, ni citas de palabras del Profeta; reiteradas menciones a la falta de interés de los festejos mientras Etiopía “roba” el agua del Nilo, o al fatal accidente de trenes que tuvo ocasión poco antes del evento. Algunas controversias más mundanas ligadas al pelo de la Reina Ty o la asociación entre la maldición de las momias y buque atravesado en el canal de Suez que desbarató la economía global, dieron cuenta de que el Corán y el calefón también tienen su lugar en Medio Oriente. Aclaramos que estas repercusiones responden a público en su mayoría urbano y usuario de redes sociales, otro es el vínculo particular a lo arqueológico observado entre pequeñas comunidades rurales residentes en zonas arqueológicas (ver por ejemplo, Van der Speck 2011[6]).

La visita a diarios argentinos tuvo sus ingredientes. Los comentarios impartidos desde la sabiduría turística, escolar, aficionada o la ignorancia de las particularidades del Egipto contemporáneo, presentaron sus matices dependiendo si se trataba de lectores de Página 12, La Nación o Infobae. Los posteos mostraban asombro en general, algunos ingredientes antiimperialistas respecto a la histórica expoliación de bienes culturales, reclamos por la estética kitsch, comentarios jocosos acerca de maldiciones faraónicas, recurrentes menciones a potenciales futuros sarcófagos de “Mirtha” o “Cristina” (dependiendo el balance del diario del que se tratara) y algunas, aunque no pocas, extravagantes analogías respecto al populismo y al peronismo. Según algunxs lectorxs, Al Sisi parecía haberse forjado en la militancia justicialista. Curiosamente, o no tanto, hubo una apropiación del tema en clave local. Y nos preguntamos y ¿¡cómo no!? Finalmente se trata de la madre del mundo y este mundo incluye Argentina, la Biblia, el Corán y el calefón.

Texto: Dra. Bernarda Marconetto: Arqueóloga, Investigadora del Idacor,CONICET – Museo de Antropología, UNC. Directora y docente del Departamento de Antropología de la Facultad de Filosofía y Humanidades, UNC.

Dra. Silvana “La Turca” Yomaha: Historiadora y egiptóloga, becaria posdoctoral del Idacor,CONICET – Museo de Antropología, UNC. Docente de la Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades, UNC.

Fotos: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipcio.

 


[1] https://www.youtube.com/watch?v=bEI3hy3G0vQ Resumen “Golden Parade”.

[2] https://www.youtube.com/watch?v=bEI3hy3G0vQ Resumen “Golden Parade”.

[3] https://www.youtube.com/watch?v=jK9uC-fO2rQ Disponible con subtitulos en español.

[4] Latour, Bruno (2012) Cogitamus. Seis cartas sobre las humanidades científicas. Paidós, Buenos Aires.

[5] https://www.youtube.com/watch?v=2qHfzoJbMTg

[6] Van der Speck, K. (2011) The modern neighbors of Tutankhamon. History, life and work in the villages of the Theban West Bank. The American University of Cairo Press, Cairo, Egipto.