Un archivo que nos desacomoda


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Bajo el título “Documentos de Vida, Archivo de la Memoria Trans Argentina–Córdoba”, el 2 de julio de 2021 se desarrolló este conversatorio, trasmitido en vivo por el canal de YouTube del Museo de Antropología. Participaron Flavia Dezzutto, decana de la FFFyH, Ivanna Aguilera, del Área Trans, Travesti y No Binarie de la FFyH, Ludmila Da Silva Catela, del Instituto de Antropología de Córdoba – Museo de Antropología UNC, e integrantes del Equipo de Trabajo del Archivo de la Memoria Trans argentina Sede Córdoba.

Durante el encuentro, las primeras intervenciones llegaron de la mano de María José «Fe» Brizuela, Ámbar Alonso y Galo Bula, quienes trabajan en la tarea de sistematizar los materiales que le dan vida a este Archivo de la Memoria Trans argentina, con sede en Córdoba. Al tomar la palabra, resaltaron la importancia de trabajar sobre los procesos de patrimonialización de los objetos. Sobre cómo los objetos están vinculados a historias de personas y por ello el trabajo en este archivo se traduce en documentos de vida. Los procesos de patrimonialización que atesoran bibliotecas, archivos o museos, reflejan cómo, a lo largo del tiempo, determinadas narrativas se imponen sobre otras. Entonces, es muy importante –subrayan– la presencia de un Archivo de la Memoria Trans con sede en Córdoba, que atesore y refleje las narrativas actuales.

Documentos de vida

María José «Fe» Brizuela estudia la carrera de Antropología en la UNC y es integrante del equipo de investigación Lógicas y desvaríos corporales. En su intervención habló sobre su historia personal y contextualizó el trabajo de este archivo, en un camino iniciado en el año 2013.“Belén Correa, activista trans, tenía guardado muchos materiales donde se narraba nuestra historia en primera persona: documentos, fotografías, cartas, vhs, etc. Con la ayuda de Cecilia Estalles, artista visual, se realizó un acervo de manera científica para poder conservar y preservar los materiales en mejores condiciones. La necesidad de construir este archivo se basa en nuestra propia realidad y es desde ahí que hacemos un trabajo narrativo sobre la historia trans en argentina”, dijo.

En ese contexto, María José contó que los primeros archivos encontrados estaban relacionados con delitos policiales, “donde nos tratan como delincuentes por tener vestimentas que no eran acordes con nuestro DNI”.  Todo eso sucedió hasta el año 2011, como parte de los códigos contravencionales que regían en Córdoba.

“Actualmente, tengo 25 años, pero recuerdo vivencias de los 13, 14, 15 años, cuando la policía me llevaba, me acosaba, me violaba, me hacían de todo. Me llevaban presa sólo por circular en la calle. Y eso es lo que le ha pasado a la gran mayoría de la población trans durante toda su vida, hasta hace muy poco tiempo”.

“Mucho de los materiales de ese acervo –explicó–, lo había reunido Claudia Pía Baudracco, una activista trans, que luchó por la Ley de Promoción del Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero, sancionada en junio de 2021″.

“Se trata de documentar nuestras vivencias en primera persona, narrada por nosotras, a través de un grupo de trabajo, en su mayoría mujeres trans sobrevivientes, capacitadas en conservación y fotografía. Un trabajo realizado  junto a un equipo colaborativo de docentes, investigadorxs, fotógrafxs y periodistas con un gran abanico de personas que se suma a redactar nuestra historia en primera persona y en cada territorio”. Por eso, “la construcción de este archivo significa un espacio de investigación, visual y político”.

Una cartografía fértil

«Hasta el momento hemos realizado entrevistas y el trabajo de archivo de materiales», explica Fe. «Tenemos una página con un acervo de 15 mil documentos, también hay cartas, DNI. Queremos proponer un territorio fértil donde debatir nuevas formas de narración científica de las historias en primera persona y de los lugares vivenciales reales. Reconstruir una cartografía, bajo un sistema de discurso activo que atraviese el pasado, el presente y el futuro. En Córdoba queremos armar nuestra propia cartografía. Hay muchísimas historias que no fueron fotografiadas y que no tenemos la posibilidad de acceder sino es a través de entrevistas. Es un trabajo que nos apasiona y nos interesa. Trabajar en un archivo de la memoria trans argentina significa tener documentada toda esta información de cómo eran las vivencias antes, y como van transcurriendo en el tiempo. Antes era muy peligroso salir a la calle por los códigos contravencionales, donde la policía estaba habilitada a hacer cualquier cosa y la familia a expulsarte. Hoy, esas realidades van cambiando, y archivar esas historias es super valioso porque permite que esos actos de lesa humanidad no se vuelvan a repetir”.

Otra de las integrantes de este equipo es Ámbar Alonso: fotógrafa salteña, radicada en Córdoba, que también se dedica a imprimir cuadros, toca el bajo y es gestora cultural. Ámbar conoció a Cecilia Estalles, fotógrafa del Archivo de la Memoria Trans de Buenos Aires, y fue ella quien le ofreció trabajar desde Córdoba. Ámbar combina las tareas de  fotografía y gestión, proyectos fotográficos, edición fotográfica, y narración de la historias a través de los documentos. Ámbar comenta que existen varias categorías en la página: se puede ir visitando por rubro, y se van creando nuevas selecciones. Se puede intervenir la página, conservar los archivos digitales. Y también explica la complejidad de la digitalización de los archivos y su correcta conservación. La idea –dice– “es poder nuclear en esta página y hacer ediciones nuevas”.

Galo Bula también es integrante del equipo. Un varón trans videasta que ya venía generando archivo de la comunidad no binaria y transmasculina, y decidió articular su trabajo con el equipo actual. Galo desarrolla la producción y técnica. Además, explica que el Archivo se propone llegar a estos espacios “más cotidianos que son parte de nuestras vidas”. No todo se trata de espectacularidad. “Nosotres desde Córdoba venimos recuperando material de personas trans desde distintos formatos, particularmente en fotos y audiovisual. Además, tenemos pensado realizar una recopilación de audios. Actualmente, estamos en etapa de edición de estas entrevistas que hicimos a personas trans, mayores de 40 años, algunos sobrevivientes de la última dictadura argentina y también de distintos tipos de razias”.

Por su parte, Ámbar explica el valor de poder visibilizar este trabajo y que otras personas puedan ser parte de este proceso. “Cada vez son más las provincias que se van sumando a tener un archivo trans con sede propia, con trabajo de autogestión”.

Galo comenta que se reciben materiales en condiciones de préstamo o donaciones, donde se hace un trabajo de limpieza, de conservación para sumar al archivo. A su vez, se mantienen abiertxs a realizar diferentes dinámicas y son conscientes del valor emocional y el valor archivístico que tienen esos documentos. “Si bien la mayor parte del equipo en este momento son transfeminidades, este 2021 se empezó a vincular un red de transmasculinidades y de personas trans no binarias que estamos en comunicación. Se trata de generar un trabajo conjunto dentro del archivo y eso es algo positivo”.

“¿Qué se conserva de las vidas?”

A su vez, Ivanna Aguilera, del Área Trans, Travesti y No Binarie de la FFyH, dijo que la actividad es un hecho significativo para toda la población. “Si tenemos que visualizar a través del Archivo las problemáticas de las personas trans y travesti, debemos decir que son todas: la falta de vivienda, de derechos, el estar presas. Si una se pone a ver las fotos, algunas condicen de cuando una está detenida, o son en habitaciones de pensiones. Tenemos una expectativa de vida de 40 años. No tenemos acceso a la salud, a una vivienda digna, a la justicia. No tenemos jubilaciones, estamos acéfalas, tenemos muchas conquistas y pocos derechos”, remarcó.

“El Archivo tiene que servir como herramienta y estructura para que todo esto deje de pasar”, añadió sobre el final. Y remarcó la necesidad de empezar a trabajar las leyes conquistadas. “Con el trabajo de la población trans y travesti va a empezar a cambiar el  futuro. No podemos retroceder ni un paso atrás” insistió.

Flavia Dezzutto, decana de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC, puso el acento en lo que que significa un archivo. Y de manera retórica indagó: “¿Qué se conserva de las vidas. Sobre todo las vidas que han estado negadas de muchas maneras. ¿Cómo uno puede abrir un espacio de hospitalidad cuando las condiciones en las que alguien podría tener esa memoria no son las mejores? ¿Cómo esos archivos nos ponen en crisis?”

Después, parafraseando al poeta Paul Celan, agregó: “Nadie testimonia por el testigo”. “Nosotrxs no le vamos a hacer justicia al colectivo trans, travesti, no binarie. El colectivo trans, travesti, no binarie tiene que hacer su justicia. Lo que podemos hacer es acompañar y poner el cuerpo, en ese proceso”, agregó, poniendo en valor el trabajo del Área Trans, Travesti y No Binarie de la FFyH, el Instituto de Antropología de Córdoba -IDACOR- y el Museo de Antropología de la FFyH – UNC.

Personal y comunitario. Político y afectivo.

La intervención de la antropóloga y ex-directora del Archivo Provincial de La Memoria Córdoba, Ludmila Da Silva Catela, fue contundente y a la vez conmovedora. Quebrada por la emoción expresó que el trabajo de este Archivo trata sobre una historia silenciada. “Una historia tan atravesada por el dolor de un colectivo que no fue lo suficientemente escuchado durante todo este tiempo. Aunque de alguna manera, –dijo–, en estos últimos años las políticas públicas han reparado en algo, el semejante dolor que hemos producido como sociedad”.

«La primera sensación que me generó recorrer el archivo, fue la potencia de algo que surgió de manera autogestionada, que no necesita de portavoces. Nadie tiene que hablar en nombre de ustedes, sino que ustedes toman la voz y eso se hizo de manera muy rápida porque se inició en 2013 a partir de un grupo de Facebook cerrado, y que rápidamente tiene diez mil imágenes. Creo que ni muchos proyectos que se generan desde el Estado con mucho dinero, logran algo tan rápido y maravilloso estéticamente”.

“Entonces, este archivo es un proceso de memoria colectiva y un acto de insurgencia en sí mismo. Una práctica de resistencia, producida desde abajo, en un flujo continuo del tiempo. También pienso que cada una de esas mujeres y esos hombres trans que guardaron sus fotos, objetos, sus cartas, lo hicieron porque estaban guardando ahí parte de esa identidad que se  estaba construyendo para ellxs mismxs y para la sociedad. Entonces, esto hace de su propuesta un espacio muy dinámico, cambiante, incómodo y creativo.  Un espacio que deja nuevas marcas, interpela y sacude los modelos de las memorias dominantes, rompe silencios y tabúes, visibiliza y construye nuevas historias”.

De allí creo en la importancia de este archivo trans que es personal y comunitario. Político y afectivo. Como dice Belén en la entrevista que pude consultar en el archivo, con este archivo se inicia la etapa de la memoria, para luego dar a conocer la verdad y  que llegue la justicia.  Por todo lo que esta comunidad sufrió y por todas las compañeras y compañeros que ya no están y que siguen faltando,  como Tehuel por ejemplo. Y mientras visitaba el archivo, pensaba no hay mayor dolor que aquel que se vive en soledad. Pero cuando el dolor se comparte, se expresa, se muestra, se narra, allí nace la dignidad de ese sufrimiento, la capacidad de transformar las experiencias individuales en acción colectiva, como lo hicieron las madres de plaza de mayo en la década del ´70 y como también lo hizo esta comunidad LGBTIQ+. Es en la acción donde el afecto se traduce de nuevo en acción política. Recorrer las historias, la vida personal, la música, las plumas, los deseos, las memorias, los recuerdos de risas y de lágrimas que encierra el archivo de las memorias trans es un momento de construcción de la propia subjetividad y de la intimidad de uno mismo cuando lo está recorriendo, de sentimientos contradictorios entre la bronca y la impotencia frente a la pregunta: ¿De cómo puede haber sido posible y es que estas mujeres y hombres hayan tenido que vivir tanto prejuicio y rechazo?”


“Este archivo es también un espacio de pedagogía. La pedagogía de la memoria que nos muestra que a partir de la propia voz de las compañeras y de los compañeros trans que frente a tantos egoísmos humanos, ante todo responden con dignidad, solidaridad, cuidados y afectos, creo que esas cuatro palabras es lo que más genera la visita al archivo. El Archivo de la Memoria Trans nos desacomoda. Nos enfrenta a largos procesos de silencio, olvido e invisibilidad de la memoria social, que la memoria social ha construido en torno a ustedes”.

“Unx no puede recorrer este archivo de manera indiferente. Se involucra, se enoja, llora, se revela contra la injusticia y sus enmascaradas formas de presentación. Cuando unx mira las fotos y ve los rostros, enfoca en la mirada de una de las mujeres y hombres que cuentan su propia historia, recorre sus deseos, entra en sus casas, las ve bailar en una comparsa, o posar para una muestra de arte, tiene la posibilidad de ampliar su mirada sobre el mundo. Yo, visitando el archivo, amplié un poco más la mirada sobre el mundo”.

«Pero también, logra romper la cita irrespetuosa e indolora de las memorias dominantes y sacralizadas que desde el inicio se han fijado en para mí en un elemento totémico, para pensar el pasado reciente que fue el Nunca Más, porque desde el Nunca Más no se ha realizado ningún o muy pocos esfuerzos de ruptura para tonar visibles estas y otras memorias.

¿Y por qué retomo el Nunca Más? Porque soy una obsesiva de como el Nunca Más construyó una memoria dominante que necesitamos deconstruirla también. Este Archivo de la Memoria Trans es un archivo vivo, palpitante, que genera una ruptura con los discursos establecidos, donde pareciera que la dictadura afectó a jóvenes, estudiantes, clases medias, profesionales, religiosxs, amas de casa, obrerxs, docentes, periodistas que son las categorías que aparecen en el Nunca Más, como también la imposibilidad de romper con los modelos patriarcales, ya que en el apartado de las víctimas sólo hubo lugar para desaparecidos, hombres, mujeres, y mujeres embarazadas.

Esas son las tres categorías que el Nunca Más enuncia para hablar de los desaparecidos. Este relato fundante se consolidó en una doble desaparición: la que ejecutó la dictadura, pero también la que se imprimió en la letra del libro que representa por excelencia los sucesos del Terrorismo de Estado, que no pudo enunciar, registrar, analizar, denunciar, la violencia ejercida sobre el colectivo LGBTIQ+ durante el Terrorismo de Estado y que el archivo no sólo muestra, sino también que reivindica la necesidad de poder hablar de este genocidio a la comunidad. Así, este archivo viene también a desestabilizar a este tótem de la memoria. Este archivo es una voz que se construye colectivamente y demanda el reconocimiento sobre la violencia ejercida sobre sus cuerpos, no sólo en dictadura sino en un continuo sistemático por décadas y décadas”.

«Entonces pienso que este Archivo de la Memoria Trans es sin duda un espacio donde se graban y seguirán grabando recuerdos, imprimiendo sentidos nuevos sobre historias que durante mucho tiempo fueron inaudibles, transmitiendo memorias sensibles hacia el futuro, revelándose contra las humillaciones, reivindicando derechos que sin duda construyen y nos salvan a todxs de las miradas insensibles, la indiferencia y la mezquindad. Ya que como dejó escrito La Condesa en uno de sus cuadernos: son soles eternos en la migajas de la oscuridad, golpes fluviales en la memoria de todo aquel que se siente vivo”.


Por Lic. Irina Morán – Responsable de Área de Comunicación del Museo de Antropología de la UNC.  
Colaboración: Raisha Minkevich –  Estudiante de la Licenciatura en Antropología – FFyH.
Fotos: Archivo de la Memoria Trans argentina.