Renovar la idea de un museo universitario

Andrés Laguens se formó como antropólogo en la Universidad Nacional de la Plata y se especializó en Arqueología y Antropología Biológica. Doctor en Filosofía y Letras, fue además el primer director del Instituto de Antropología de Córdoba (2011 – 2019). En esta entrevista, cuenta lo difícil que fue estudiar en dictadura, repasa el desarrollo de la antropología cordobesa a partir de los años ochenta y destaca los esfuerzos que significó la apertura del Museo de Antropologías en su sede actual, con el valor agregado de formar a toda una nueva comunidad científica. 

«Empecé a estudiar Antropología en La Plata, en el Museo de Ciencias Naturales, justo en abril de 1976», relata Andrés Laguens al comienzo de este diálogo en el ciclo 80+10 Antropologías en Córdoba. «Así que fue bastante difícil, cursar en una Facultad donde te palpaban de armas, donde había soldados con ametralladoras en la puerta de entrada, donde te quitaban el documento. Existían muchas restricciones», recuerda. «Mucha censura, libros prohibidos, textos que no los llegábamos a ver nunca. Fueron años con faltas en la formación y había que tratar de suplirlas de alguna forma, con grupos de investigación y lectura».
 
Al indagar sobre la decisión de trasladarse a Córdoba, como lugar para ejercer la profesión, Laguens cuenta: «Apenas me había recibido, mi director de tesis doctoral era amigo del antiguo director del Instituto de Antropología de Córdoba y me comentó que andaban buscando un arqueólogo. Yo había estudiado Antropología con orientación en Arqueología, así que me ofrecieron la posibilidad de un cargo en la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba». Junto a Mirta Bonnin, habían vivido años muy duros durante la última dictadura cívico-militar, así que la posibilidad de ocupar ese cargo en la provincia se presentó como una oportunidad y hasta como un desafío, cuenta. Un salto que lograron concretar en julio de 1983, durante los primeros meses de la recuperación de la vida democrática en el país.

«Cuando llegamos al antiguo Instituto de Antropología de Córdoba había una especie de vaciamiento», recuerda. El Instituto había perdido parte de aquel prestigio alcanzado durante la década del sesenta. «Había muy pocos antropólogos profesionales», señala. «Algunos eran abogados, médicos, profesores de Historia, gente muy autodidacta, pero con formación en otras líneas».

En ese contexto surgió la necesidad de recuperar la Antropología para Córdoba: «formar gente, tener proyectos de investigación, alcanzar un mayor acercamiento con el público, con la comunidad en general», precisa. En ese sentido fue determinante el hecho de trasladar el Museo a su sede actual. «Antes funcionaba en la Ciudad Universitaria, detrás del Comedor Universitario, donde era la antigua cocina del Comedor, que había sido cerrada durante la última dictadura cívico militar. Era un Museo aislado, con poca conexión con la gente y estaba un poco lejos de la Antropología también», comenta.

En la mitad de la entrevista Andrés Laguens habla sobre el valor de haber concebido un museo universitario, que recuperarse la formación en ciencias antropológicas.

«La idea del Museo se fue forjando con el apoyo de la Facultad de Filosofía y Humanidades, cuya gestión comprendió la importancia de la Antropología, pero también con una renovación de la idea de Museo, a nivel nacional. Con formación de la gente y con la idea de llegar más al público», destaca. «A un público escolar, a diversas comunidades. Una idea renovada del Museo, no sólo como exhibición, sino también como espacio de investigación. Un lugar para formación de gente. Ese era un poco el modelo de Museo» .

Más adelante, al valorar la formación académica que posibilitó la carrera de grado, la Maestría y el propio Instituto de Antropología de Córdoba en la consolidación y ejercicio de la disciplina, añade: «Córdoba tuvo la oportunidad de hacer una carrera con un perfil más moderno, más actualizado. Por eso nuestrxs graduadxs se destacan porque tienen una mirada muy amplia de lo que es la Antropología. Uno piensa en la salida laboral y yo creo que el noventa por ciento debe estar trabajando porque hay becas, ellxs encuentran lugares y la formación es muy buena. Algunos lugares toman nuestras materias para renovar sus planes de estudios».

Más cerca del final, y dentro de su especialidad como arqueólogo, Andrés Laguens dice: «Córdoba es riquísima en cuanto a sitios arqueológicos y en general es muy poco lo que se conoce. La gente conoce Cerro Colorado y Ongamira, pero Córdoba tiene una población humana de diez mil u once mil años de edad», explica. «Actualmente hay comunidades originarias, sus descendientes todavía están con nosotros, y en ese trayecto hubo muchos desarrollos locales. La Antropología de Córdoba es muy interesante. Yo trabajé muchos años en el noroeste de Córdoba y en la actualidad tenemos un proyecto comunitario en la localidad de Soto donde nos invitaron a investigar en la zona. Es un proyecto que estamos llevando a cabo con el apoyo de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad».

Ver entrevista completa aquí:

Andrés Laguens: Arquéologo – Docente – Investigador.
Licenciado en Antropología con especialidad en Arqueología y Antropología Biológica. Doctor en Filosofía y Letras. Es Docente Investigador del CONICET en el IDACOR-Museo de Antropologías de la UNC. Fue Director del Instituto de Antropología de Córdoba, en entre los años 2011 – 2019.

Texto: Irina Morán.
Fotos: Natalia Roca.
Producción del ciclo de entrevistas 80+10 Antropologías en Córdoba”
Área de Comunicación – Museo de Antropologías.

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