De humanos, murciélagos y otras yerbas


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Sebastián Muñoz y Mariana Mondini  – investigadores del Laboratorio de Zooarqueología y Tafonomía de Zonas Áridas (LaZTA), Museo de Antropología – Instituto de Antropología de Córdoba–, reflexionan sobre las relaciones entre humanos y animales en el largo plazo, con relación al contexto actual de la pandemia del coronavirus. Lo hacen desde la perspectiva de la zooarqueología: disciplina que estudia el registro de estas relaciones y su evolución en el tiempo en diferentes sociedades del mundo y momentos de la historia de la humanidad. En este pasado podemos encontrar claves para entender mejor nuestro presente.


Ilustración: Murciélago Dysopes murinus, tomado del libro Illustrations of Indian Zoology; chiefly selected from the collection of Major-General Hardwicke, de John Edward Gray. Londres: Treuttel, Wurz, Treuttel Jun. and Richter, and Parbury, Allen and Co., 1830-1834 [-1835].

En estos días de pandemia nos preguntamos una vez más cómo empezó todo esto. Algunos culpan al famoso murciélago por pasarnos el virus a los humanos, otros a los chinos por sus usos de la fauna silvestre que propiciaron este traspaso, y otros a un modo de vida capitalista que arrasa con ecosistemas enteros y es un caldo de cultivo para estos saltos de hospedador. Las especies animales silvestres se han utilizado siempre en preparaciones tradicionales y los virus han pasado a hospedadores humanos muchas veces en la historia de nuestra especie.

Sin embargo, la escala del impacto humano en los ecosistemas no tiene precedentes, al punto que la era caracterizada por su huella en el planeta a partir de la Revolución Industrial es conocida como Antropoceno (del griego anthropos, “humano”, y kainos, “nuevo”), si bien hunde sus raíces en el Paleoantropoceno (del griego palaios, “antiguo”), que se sugiere comenzó hace ya unos 10.000 años. O sea que, en parte, podemos ver esto como una cuestión de escala.

Para comprender y dimensionar estas cuestiones en profundidad, entonces, una escala temporal de largo alcance es indispensable. Y las disciplinas científicas que abordan estas grandes escalas se conocen como disciplinas históricas. Una de ellas es la arqueología, y dentro de ella la zooarqueología, que estudia las relaciones entre humanos y animales en el pasado, incluyendo no sólo su uso como alimento y el origen de las mascotas domésticas, sino también las zoonosis o enfermedades transmitidas por animales, entre muchos otros temas.

Hace un tiempo escribimos un pequeño artículo en la revista Alfilo de esta Facultad contando de qué se tratan esas investigaciones sobre la biodiversidad y su relación con los humanos en el largo plazo, que hoy cobra particular significancia. Allí nos preguntábamos: “¿los procesos a los que nos estamos refiriendo son recientes, es decir, tienen que ver con las condiciones de vida desarrolladas a partir de la revolución industrial? ¿O se trata más bien de una cuestión de escala, es decir, de cambios en la magnitud que adquieren las consecuencias del comportamiento humano en el espacio y el tiempo? ¿O acaso se trata de una magnitud tal de estos procesos que pueden acarrear cambios cualitativos más sustanciales?”

Invitamos a leer la nota completa aquí: La biodiversidad y la importancia de una perspectiva histórica de largo plazo.

Por Sebastián Muñoz y Mariana Mondini.

Arqueólogos del Laboratorio de Zooarqueología y Tafonomía de Zonas Áridas (LaZTA), Museo de Antropología – Instituto de Antropología de Córdoba – CONICET – UNC .