“La vanguardia de la lucha hoy son los colectivos trans y travestis”

El 14 de octubre de 2022 comenzó en el Museo de Antropologías el Ciclo de Cine- Debate LGTTTBIQ+ “Sobrevivencias” organizado por el Área Travesti, Trans y No Binarie de la Facultad de Filosofía y Humanidades, en conjunto con el Museo de Antropologías. En ese marco, el artista Jorge Luis Giacosa contó su experiencia en el EROS,  una de las organizaciones que formaban parte del Frente de Liberación Homosexual en los setenta.

El artista Jorge Giacosa

La primera película proyectada en el Ciclo fue el documental de Ernesto Ardito “Sexo y Revolución” (nombre tomado del Manifiesto del Frente de Liberación Homosexual), que narra la historia de un grupo de homosexuales que a inicios de los setenta, en la Argentina, decidió enfrentarse al status quo.

El encuentro incluyó una mesa de diálogo en la que participaron: Jorge Giacosa, artista y militante del Frente de Liberación Homosexual; Daniel Tortosa, docente e investigador de la Facultad de Artes;  y Mariana Tello Weiss, docente del Departamento de Antropología e investigadora del Instituto de Antropología de Córdoba/Museo de Antropologías; con la moderación de Ivanna Aguilera, coordinadora del Área Trans, Travesti y No binarie de la Facultad de Filosofía y Humanidades.

Uno de los protagonistas del documental proyectado en este primer encuentro fue Jorge Giacosa, quien contó su experiencia en el EROS, una de las organizaciones que formaban parte del Frente de Liberación Homosexual (FLH), liderado por el antropólogo, sociólogo, poeta y militante Néstor Perlongher. El Frente entrelazó el imaginario revolucionario de aquellos años con el tema de la emancipación sexual.

“EROS era el grupo más numeroso dentro de los que conformaban el FLH y era el más combativo. Llevábamos adelante acciones callejeras; como salir por las noches a hacer pintadas y escribir en las paredes de la ciudad ‘FLH’, aunque nadie entendía qué significaba la sigla, no nos conocía nadie”, cuenta Giacosa sonriendo, y continúa: “Hacíamos volanteadas también, entrábamos a un bar, por ejemplo al bar ‘La Paz’ en calle Corrientes, que era el reducto de toda la intelectualidad izquierdosa de aquel momento; y era entrar, repartir volantes en todas las mesas y salir huyendo”.

Giacosa explica que el FLH buscaba tener una inserción política. “Nosotros sabíamos que éramos actores políticos de peso, pero lo sabíamos nosotros nomás. Nuestra primera acción a cara descubierta e identificados como Frente fue en la Plaza de Mayo el 25 de mayo de 1973, para la asunción de Cámpora. Llevábamos una pancarta que además de FLH decía ‘Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad’, que son dos versos de la marcha peronista. Pero esos versos colocados en nuestras manos adquirían un significado nuevo, era una reivindicación que nadie había hecho hasta ese momento. El cartel también decía ‘Libertad a los presos políticos’ que era la consigna de esa Plaza. Esa aparición del FLH hoy es histórica, era la primera vez en toda Latinoamérica que un grupo como el nuestro, ‘una banda de mariquitas’ como yo digo, hacía una aparición en un acto de neto corte político como la asunción de un presidente al poder”.

Giacosa cuenta que ese día, dentro de la multitud que colmó la Plaza, no fueron mal recibidos, no tuvieron ningún incidente grave.  “Pero la cosa fue diferente cuando Perón volvió a Argentina y nosotros fuimos con nuestro cartel a esperarlo a Ezeiza. Ahí nadie quería estar al lado nuestro, eso fue muy duro. Había que ir por una avenida y, al ir nosotros identificados, los de adelante se ponían bien adelante y los de atrás bien atrás, cosa de no mezclarse. Pasamos a ser una especie de isla ignominiosa.”

“Y yo concretamente no lo resistí y me abrí de la marcha y me volví a mi casa. A la noche tuvimos una reunión como hacíamos siempre después de cada evento. Y me gustaría decir que nadie me reprochó nada. Al contrario, si alguien podía comprender lo que yo había sentido eran mis propios compañeros del FLH que habían atravesado lo mismo. Digamos que yo fui una especie de emergente de lo que pasó. Y por supuesto recibí de ellos toda la contención”, cuenta.

El artista comenta que luego de la asunción de Cámpora, la derecha peronista a través de sus órganos de difusión, acusaba a la Juventud Peronista (JP) de estar infiltrada con “drogadictos y homosexuales”, en una abierta alusión al FLH.

“Así, cuando el 11 de septiembre de 1973 se produce la caída de Allende en Chile, y  espontáneamente todo el mundo sale a la calle, miles y miles de jóvenes de la JP se defienden de esa acusación cantando a voz en cuello: ‘No somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros’. Y nosotros no pudimos más que sentir bronca porque eso ponía fin a nuestra fantasía de poder insertarnos en esa lucha política como una revolución dentro de la revolución”.

Giacosa explica que luego de eso el FLH se repliega y comienza a trabajar hacia adentro, dirigiéndose a la propia comunidad LGTTTBIQ+. “Es ahí que Perlongher y algunos colaboradores, redactan el manifiesto ‘Sexo y Revolución’. Y también empezamos, de manera totalmente artesanal, a editar la revista ‘Somos’ para difundir nuestras ideas; de esa revista sacamos ocho números”.

Los comienzos en el FLH

Giacosa cuenta que antes de unirse al FLH, durante su adolescencia, el tema de la homosexualidad lo desbordaba completamente, que él hubiera querido “operarse la homosexualidad” de haber sido posible, ya que su deseo le resultaba algo “monstruoso”. Yo era un niño modelo, bueno, dulce, inteligente, estaba en el cuadro de honor de la escuela. Entonces todo mi esfuerzo pasaba porque no se me notara la homosexualidad, que eso no saltara. Empecé a estudiar Antropología en la UBA, hice diez materias, pero yo no estaba bien conmigo mismo, me la pasaba ocultando quien era, así que al final dejé la carrera. Y me puse a trabajar en una librería en calle Corrientes. Y es ahí que llegó a mis manos un libro que se llamaba ‘El homosexual y su liberación’ que me hizo ver que la gente más interesante eran quienes hacían de eso una militancia. Ahí entonces comienza mi búsqueda del FLH, que uno sabía que existía pero nadie sabía decirme como acceder a ese grupo. Yo tendría en ese momento unos 22 años».

El artista recuerda que su primer encuentro en el FLH fue un sábado y que al terminar lo invitan a ir a un boliche que quedaba por Lanús. “Yo estaba fascinado con lo que me estaba pasando. En ese boliche fue la primera vez que vi dos tipos bailando, yo no sabía que dos tipos podían bailar, ¡y ahí había cientos! Así entré de cabeza al submundo que se movía en la ciudad. Acababa de hacer finalmente el tremendo descubrimiento, el tremendísimo descubrimiento, de que lo que sentía estaba bien, que no era ningún monstruo”.

“Aprendí mucho en aquella época. Todo eso marcó mi vida para siempre y para bien. A pesar de todo lo aprendido, en el FLH sentíamos que habíamos fracasado, éramos tan poquitos, con todos los diferentes grupos debemos haber sido unas 50 personas, y no habíamos logrado gran cosa. Las reivindicaciones llegaron mucho después”, comenta Giacosa, y explica que él recién tomó conciencia de que su historia individual tenía valor para la memoria colectiva cuando se crea el canal Encuentro y le hacen una entrevista en el programa ‘Somos Memoria’, que mostraba cómo los individuos con sus historias personales iluminaban la historia grande. “Ahí se pone en valor lo que fue la acción que llevó adelante el FLH a principios de los setenta y, con los gobiernos de los Kirchner, empiezan las reivindicaciones a la comunidad LGTTTBIQ+”.

Las reivindicaciones logradas y las que faltan

En la época del FLH, los logros recientes, como el matrimonio igualitario o la Ley de identidad de género, no eran ni siquiera utopías. “A nosotros jamás se nos hubiera ocurrido pedir el matrimonio igualitario, lo veíamos imposible, pero aclaremos además que en aquel momento a la institución familiar y al matrimonio los mirábamos con bastante desprecio”, cuenta Giacosa riendo, y agrega: “Pero los años pasaron y yo mismo me casé, reconozco que es muy importante tener un marco legal. Yo trabajé muchos años con el tema del HIV y muchas veces pienso que, si en aquel momento hubiéramos tenido la ley de matrimonio igualitario, nos hubiera venido muy bien. Conocí más de una pareja viviendo con HIV que se habían cuidado mutuamente hasta el último momento, y cuando uno de los dos fallecía, entraba la familia del otro, cambiaba la cerradura del departamento y dejaban al sobreviviente en la calle. Algo que, si hubiera sido una pareja hetero, aunque no hubieran estado casados, no hubiera pasado. Pero como era una pareja gay, eso se podía hacer con toda impunidad. Había un enorme desprecio por una relación homosexual”.

A esta altura del partido yo como tipo gay me siento más que reivindicado y feliz con todo lo que se logró. Ahora la sociedad ha cambiado totalmente, a pesar de que siguen pasando cosas horribles, hay un consenso social en torno a los derechos conseguidos. Ahora la pelea es no perder esos derechos que tanto nos costó conseguir, con este rebrote de las derechas siniestras, y lograr lo que falta”.

Cuando se le pregunta acerca de los desafíos a futuro de los colectivos LGTTTBIQ+, Giacosa señala: “En realidad la lucha ahora la está llevando adelante gente como Ivanna (por Ivanna  Aguilera, coordinadora del Área Trans, Travesti y No binarie de la Ffyh), la vanguardia de la lucha hoy son los colectivos trans y travestis. Hemos acuñado la palabra ‘travesticidio’, por ahí pasa la lucha ahora”.

Texto y Fotos: Eliana Piemonte – Área de Comunicación – Museo de Antropologías

Nota publicada de manera conjunta con  Revista Alfilo
Área de Comunicación Institucional FFyH- UNC)

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