“Cuesta que nos pensemos como sociedades heterogéneas”


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DÍA DEL ABORIGEN AMERICANO

* En el presente artículo se utilizan indistintamente los conceptos de indígenas, pueblos originarios y aborígenes.

El pasado 19 de abril fue, según el calendario nacional, el Día del Aborigen Americano. Esta efeméride invita a pensar y cuestionar qué celebramos en esta fecha, porqué, qué lugar tienen los pueblos indígenas actualmente en Córdoba, qué sucede con las demandas territoriales. Para comprender acerca del tema interpelamos y dialogamos con José María Bompadre, antropólogo y profesor del Instituto de Culturas Aborígenes de Córdoba (ICA) y Carolina Álvarez Ávila antropóloga y comunicadora social, docente e investigadora del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR-CONICET).

“El Día del Aborigen o el Día del Indio, tiene que ver con la celebración del Primer Congreso indigenista en Pátzcuaro, México en 1940, que dio inicio a una serie de políticas estatales muy importantes para todos los pueblos y organizaciones indigenistas en el continente y que, efectivamente, fue una manera de visibilizarlos”, explica Carolina Álvarez. Entonces, “el presidente Lázaro Cárdenas convoca a un congreso a los pueblos indígenas de México para debatir sobre sus reclamos para acceder a la tierra y una agenda muy común a todo lo que pasaba en América Latina por la historia del porfiriato, esa oligarquía que le había expropiado territorios a los indígenas”, completa José María Bompadre.

A pesar de que el reconocimiento como pueblos originarios en nuestro país y en nuestra provincia fue tardío en comparación a otros países latinoamericanos, el Primer Congreso continúa siendo un emblema para pensar los cambios que se sucedieron. “Uno de los primeros pasos fue que se inauguraron reconocimientos constitucionales para las comunidades indígenas”, señala la antropóloga. En esta línea, Bompadre agrega: “Se inicia un proceso con la apertura democrática y tiene un punto de inflexión con la sanción de la Constitución, que luego, la reforma de la Constitución del año 1994 agrega el derecho a la resistencia y a tener las tierras para que el Estado también sea responsable en el diseño de las políticas indígenas”.

Desde aquel Congreso, se inicia lentamente una nueva etapa histórica donde abundan demandas de comunidades y grupos indígenas y donde diversas luchas van adquiriendo cada vez mayor visibilidad pública/mediática: “Es la punta de un iceberg de años de invisibilizaciones, silenciamientos, violencias, expropiaciones de territorio, que hace que esto explote, pero a esa explosión no la podemos entender si no vemos todo lo que está por debajo”, resume Álvarez.

Al respecto, lo que está por debajo -aunque se lo pretenda esconder- aporta mucho al sentido de las luchas y es constitutivo de lo que somos y de cómo nos pensamos como sociedad. Ambos expertos coinciden en que, por ejemplo, en nuestra provincia subyace un férreo discurso acerca de que los pueblos indígenas estaban extintos. “Ante las reemergencias indígenas”, comenta Álvarez, tal discurso es legitimado y reproducido desde algunos espacios académicos y estatales y enumera algunas falacias: “Que acá no había más indios, que se habían extinguido, que se habían asimilado, que se habían miscegenado”.

Diversos y heterogéneos

Si bien desde el siglo XX se observa un movimiento americano de mayor reconocimiento y visibilización de los pueblos indígenas, continúan las tensiones y luchas por el reconocimiento para “terminar con ese manto de sospecha en relación a su autenticidad y a su identidad”, asevera la investigadora.

En este sentido, Bompadre considera que muchos de los conflictos aparecen cuando negamos o soslayamos la otredad porque la diversidad reconoce necesariamente cultura. “Somos culturalmente diversos pero no siempre se ponen en consideración cuestiones vinculadas a las trayectorias y condiciones materiales de existencia de sujetos históricamente no emplazados como diversos y, por ello, los estamos reconociendo”, afirma y luego explica: “Además son sujetos desiguales, no sólo diversos. La cultura no siempre discute cuestiones de clase, de contexto histórico, de sujetos que están reclamando tierras ocupadas ancestralmente antes que el Estado existiera”.

Para ilustrar su explicación y avanzar en la comprensión, Bompadre retoma la noción de ‘indio permitido’ de Charles R. Hale desde la lógica de las políticas de diversidad cultural del neoliberalismo.  Así, “el ‘indio permitido’ es ese sujeto indígena que reconozco por la diversidad que no tiene la sociedad funcional y que es pensado dentro de los parámetros culturales. Sin embargo, cuando ese sujeto de la diversidad reclama derechos que le corresponden constitucionalmente como la tierra, se acabó el ‘indio permitido’, no se le permite que exceda el plano de la diversidad”, recrimina el antropólogo.

En esta dirección, para entender las discusiones actuales y latentes resulta indispensable hacer un repaso histórico de la conformación del Estado Nacional argentino y de cómo la gesta colonial hizo mella en nuestras prácticas, entendimientos y discursos. De esta manera, Álvarez afirma que la nación argentina “se pensó blanca y europea, venida de los barcos”. Además, agrega, que está instalado “que los argentinos somos hijos de inmigrantes y cuesta todavía que nos pensemos como sociedades heterogéneas” porque “cuesta reconocer que hubo y que hay presencia de afrodescendientes en Argentina, de inmigración africana ahora, de inmigración limítrofe y de pueblos indígenas”, reclama. El discurso de extinción en el suelo nacional nos remite al “crisol de razas pensado como la fusión de los pueblos indígenas, afrodescendientes e inmigrantes en la gran alquimia de la nación argentinas”, detalla la especialista. “Licuar y desaparecer esas identificaciones en ese pseudo crisol de razas fue el proyecto nacional de la Generación del ‘80”, subraya.

Cuestión territorial en Córdoba

En la provincia de Córdoba existen un poco más de veinte comunidades aborígenes que se organizan y defienden sus territorios.  “El Estado provincial ha sido un sujeto estrictamente demarcador pero además expropiador de los territorios indígenas a fines del siglo XIX, eso está documentado”, especifica el antropólogo.  Asimismo, la provincia según Bompadre “tiene una de las pocas constituciones donde no dice nada de los pueblos indígenas y fue reformada en el 2001 cuando ya había comunalizaciones”.

En este sentido, las comunidades durante los últimos años, vienen priorizando la cuestión territorial. Frente a esta situación, el especialista describe: “Estamos hablando de territorio del Estado, que tiene otra lógica, es el mismo Estado el que está incumpliendo las leyes que ha escrito. Sobre esas complejidades están las comunidades”.

Sin dudas el contexto político y económico a nivel nacional reconfigura las relaciones entre el Estado y las comunidades. “Es complejo”, advierte la antropóloga, “retomando la noción de     `indio permitido´ la tierra y la explotación de recursos naturales se vuelven uno de los límites que operan para desestimar reclamos y demandas. Los reconocimientos operan muchas veces sobre derechos culturales pero no agendan otro tipo de asimetrías y conflictos que apuntan a desigualdades históricas”, concluye.

 Por María Eugenia Lunad Rocha (Área de Comunicación del Museo de Antropología. UNC).