Vuelo sin fronteras


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El 5 de junio, como todos los años desde 1974, se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente. Sandra Gordillo –Investigadora del Instituto de Antropología de la UNC – Museo de Antropología de la UNC, – junto a Silvia Burgos  –del Área Educación del Museo de Antropología  de la UNC–, escriben esta nota y advierten:  “en realidad no es un medio ambiente, sino un ambiente entero que necesita con urgencia que nos reconciliemos y hagamos las paces».

Foto: Hernán Rojo (2021) Cóndor. Quebrada del Batán (Córdoba)

Quizás hoy nos resulte anecdótico, pero la palabra “ambiente”, aparece por primera vez en la Real Academia Española en 1726 definida como “el aire suave que circunda los cuerpos” y sobre medio ambiente una definición dice “es un  conjunto equilibrado de elementos que engloba la naturaleza, la vida, los elementos artificiales, la sociedad y la cultura que existen en un espacio y tiempo determinado”. Por lo tanto, el término incluye componentes físicos, químicos, biológicos, sociales y culturales. Y allí tenemos el agua, el aire, el suelo, el clima, la geología, las plantas y los animales,  los seres humanos, lo urbano, lo rural, las relaciones sociales y económicas, las expresiones culturales, y todos los elementos que se relacionan y manifiestan en un lugar.

En la década del 70 del siglo XX, el Día del Medio Ambiente se estableció para que las sociedades tomen conciencia y promuevan acciones y medidas para proteger el entorno. Pero a casi 50 años del inicio de su celebración, sabemos que no alcanza con sensibilizarnos. Hoy es imprescindible asumir responsabilidades y actuar para afrontar la “crisis ambiental” que hemos generado. Por ejemplo, en nuestro transcurrir humano, es importante señalar que los impactos provocados al planeta se agravaron en la época posindustrial, favorecidos por un modelo de producción y consumo insostenible, que está ocasionando el cambio climático global, la contaminación del aire y el océano, el avance de especies invasoras en detrimento de las especies nativas, entre tantos otros impactos, algunos directamente sobre la salud humana.

Y cuando hablamos de impactos y responsabilidades ¿A quién nos referimos? ¡Sí! A nosotras las personas, las sociedades y los gobiernos.  Somos responsables en todos los niveles: como sociedades, como individuos y como especie. Eso es lo que somos: una tríada. Sin embargo, nos autopercibimos más con la identidad social -grupos de pertenencia- y personal -como individuos-, pero nos resulta más lejano a través de la identidad biológica, por la cual nos hacemos llamar Homo sapiens para diferenciarnos de otras especies como nuestros primos, los bonobos, con los cuales compartimos más de un 98% de similitud genética.

Y en este camino de auto-reconocimiento es oportuno retomar un tema de interés que manifiesta el vínculo con ese entorno o medio ambiente. Y como todo se conecta, una vez más nos encontramos hablando de humanos y otras especies en contextos sudamericanos. La situación del cóndor está en riesgo y podemos hacer algo para apaciguar los impactos antrópicos en esta especie milenaria.

Cliquea en la infografía para descargarla

 “A pesar de ser una especie icónica y ave nacional de Bolivia, Chile, Colombia, y Ecuador, el cóndor andino (Vultur gryphus) avanza rápidamente hacia la extinción” Así comienza una nota publicada recientemente, en marzo 2021 en la Revista Science[i], firmada por un grupo de especialistas de diferentes países.

Ante esta situación, desde el IDACOR y el Museo de Antropología FFyH proponemos un conjunto de acciones tendientes a visibilizar la problemática actual en torno a esta especie nativa de Sudamérica, cuyas poblaciones están siendo severamente afectadas por un conjunto de amenazas ocasionadas todas por actividades humanas, como por ejemplo, el uso de cebos tóxicos. Ésta fue la causa que en los últimos años produjo la muerte de una gran cantidad de cóndores en distintas regiones de Argentina y muy recientemente, en febrero de este año, en Bolivia. Mientras redactábamos esta nota, dos cóndores más morían, aparentemente por la misma causa, en Colombia. Para revertir esta situación se requieren los esfuerzos de toda la sociedad en acciones coordinadas a nivel local, nacional, e internacional.

Creemos que la conservación de la especie será favorecida si logramos recuperar y resignificar al cóndor como especie biocultural de Sudamérica y el auto-reconocimiento identitario de personas y sociedades que habitamos el mismo territorio y vivimos en un único planeta.

Para ello les presentamos la cartilla Hibrido viaja con el Cóndor, un material didáctico para abordar la temática desde los diferentes niveles educativos. En ella encontrarás actividades para hacer en casa y en la escuela; con sugerencias de material complementario para docentes y personas que acompañan la enseñanza.

Cóndor andino: vuelo sin fronteras

Además, lxs  invitamos a participar de una convocatoria artística destinada a ilustradorxs y comunidad educativa, que dará color al almanaque digital 2022 a partir del lema: «El vuelo del cóndor no tiene fronteras, atraviesa el paisaje, teje lazos y (re)construye nuestra identidad».

Podrás participar completando el siguiente formulario: https://forms.gle/JyNMPxuPJ86xeuKj8

Así queda formalizada la invitación, para motorizar un cambio desde algún lugar de Sudamérica, todxs podemos ser parte de esta gran aventura: contribuir a la protección de esta especie y conocer quién es el Cóndor a través del tiempo.


 Por Sandra Gordillo

Investigadora del CONICET-UNC, en el IDACOR – Museo de Antropología de la UNC, e integrante del Grupo de Educación Ambiental y Conservación del Cóndor Andino (GEACC).

Por Silvia Burgos

Área Educación y Difusión, Museo de Antropología FFyH UNC


[i] Méndez et al. 2021, Vulnerable Andean condors in steep decline. Science 26: Vol. 371, Issue 6536, pp. 1319.