Los recuerdos y olvidos no se imponen


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PH: Gentileza Colectivo Manifiesto / La Tinta.

A  42 años de la dictadura cívico militar que arrasó al país y en un escenario político y social cambiante dialogamos con Elizabeth Jelin para comprender las luchas, la manera en que (re)construimos la memoria social y la articulación del pasado, presente y futuro.

ENTREVISTA A ELIZABETH JELIN.

En marzo nuestra ciudad recibió a Elizabeth Jelin en el marco de las actividades organizadas por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La prestigiosa socióloga e investigadora sobre derechos humanos en el país, memoria, género y movimientos sociales llegó al Museo de Antropología UNC para presentar su libro: “La lucha por el pasado. Cómo construimos la memoria social”.

Ya casi en primavera, Jelin vuelve a Córdoba para participar del II Seminario Internacional: “Memorias Políticas en perspectiva latinoamericana” para discutir y reflexionar junto a la Dra. Ludmila da Silva Catela sobre “Memorias ¿para qué? Políticas de Memorias y Democracia en Argentina”.

La autora es reconocida por sus estudios y aportes al campo de la sociología. Se graduó en la Universidad de Buenos Aires y se doctoró en la Universidad de Texas (Estados Unidos). Lleva más de treinta años trabajando y ejerciendo memoria social. “Hablo de memorias sociales en la medida en que son compartidas y trato de hablar siempre en plural porque nunca es una, son memorias sociales”, señala Jelin.

Respecto a cómo construimos la memoria y a la manera en que miramos nuestro pasado, Jelin advierte: “No hay un cuento que la sociedad se hace sobre sí misma, no hay una sociedad homogénea que piense igual, es totalitario pensar que hay un pensamiento único, es lo que nos quieren hacer creer”. Además, parte de “la premisa de que no hay una única narración ni del pasado ni del presente porque las dinámicas sociales siempre son de conflicto, en la cual distintos grupos situados socialmente de distintas maneras miran la realidad y su propio pasado y el pasado de otros”, explica.

Nos cuenta acerca de las interpretaciones del pasado: “Venimos de una historia en la que hubo distintos relatos desde el vamos: Los militares decían que venían a salvar a la nación”, recuerda la autora. Al mismo tiempo que emergía el discurso de las víctimas que denunciaban “represión, desapariciones, torturas y todas las violaciones que uno puede imaginar”, añade. Entonces -según Jelin- se proyectaba “un escenario de dos bandos, dos narrativas confrontadas que, de alguna manera, persisten con momentos en las cuales una estuvo más dominante y la otra más subterránea”. Así logra explicar hoy la vigencia de aquellos grupos que “pretenden relativizar, negar, banalizar lo que pasó durante la dictadura” y ejemplifica: “Cecilia Pando no apareció el día que Macri subió al poder, estaba presente, lo que pasa es que estaban en escenarios políticos en los que las luchas y la dinámica social llevaban a que no fuera el discurso dominante”.

En cuanto al título de su libro “La lucha por el pasado. Cómo construimos la memoria social”, es una interpelación directa porque nos habla de lucha. Son las luchas por la hegemonía y por los sentidos del pasado. Pero, ¿cuándo comienza el pasado reciente?, se pregunta: “¿El 24 de marzo?”. La entrevistada responde contundentemente: “No. Es una fecha emblemática pero nada empezó ni terminó el 24 de marzo del ‘76”. Al respecto, asume que “las luchas por el pasado, en realidad, son luchas por el futuro, por el sentido del pasado que tengo hoy presente en función de un futuro deseado. Para ese lado va mi manera de pensar el tiempo con múltiples temporalidades, momentos en que pasado, presente y futuro se juntan”.

-En base a tu experiencia y bagaje, ¿cuál sería tu futuro deseado?

-Soy bastante minimalista porque soy suficientemente vieja para haber pasado por ciclos históricos de diverso tipo. Yo quiero una sociedad de iguales, una sociedad en que las diferencias no sean desigualdades. Y como estamos en un mundo donde las desigualdades están, es la lucha contra las desigualdades.

Me importa muchísimo lo que está pasando en este momento con el movimiento de mujeres. Creo que ahí hay uno de los puntos de optimismo para mí, muy significativo. Soy una vieja feminista y hubo un período en que pensamos que se acaba el feminismo con nosotras, que no había renovación generacional. Son desigualdades económicas, de género, de etnias. Mi ideal, mi ilusión tiene que ver con una sociedad de iguales y cualquier mecanismo que vaya hacia una disminución de las desigualdades, bienvenido.

-¿Qué lectura o reflexión hacés en torno a los cuestionamientos que se dieron con respecto al número de desaparecidos o al fallo de la corte que le otorga beneficios del 2×1 a genocidas?

-En relación a la cifra puedo decir dos cosas que me parecen importantes: una desde la perspectiva académica-intelectual es que todavía no tenemos una buena investigación que nos diga cómo fue la historia del número, cómo fue rearmándose, quién planteó qué número y por qué. Esa es una línea de investigación que no está hecha y creo que es una deuda del mundo académico de tratar de entender el fetichismo del número. La otra es una respuesta que le dio Vera Jarach, madre de Plaza de Mayo a la canciller alemana Angela Merkel cuando visitó el Parque de la Memoria. Hay un video en Youtube que lo recomiendo. https://www.youtube.com/watch?v=p57Cu49IGg0. Angela Merkel está de visita y Vera tiene un cartel que dice son 30 mil, y así chiquitita y viejita como es, le empieza a hablar sobre el silencio y el negacionismo. Y le dice: ‘Ahora nos dicen que no son 30 mil, suponemos y decimos que son 30 mil, pero los que tienen el dato son los militares. El día que nos digan, bien clarito, cuántos son, dónde están, qué pasó con cada uno, ese día si tenemos que cambiar el número, lo vamos a cambiar’. Y ¡mirá la manifestación popular en contra del 2×1!! Hay ciertas cosas que decimos ¡NO! ¡Y decimos no, con fuerza!

“Córdoba es distinta”

En relación a la impronta que tienen las organizaciones de derechos humanos en Córdoba, pionera en participar colectivamente del juicio histórico de los delitos de lesa humanidad y en las 28 condenas a perpetua en la Megacausa La Perla, Jelin expone y reprocha: “Viviendo en Buenos Aires es difícil saber, porque el porteñocentrismo es muy fuerte y, además, el Estado Nacional no ha hecho nada por respetar el federalismo y el gobierno anterior, muy poco”. Además, cuenta que viene a nuestra ciudad con frecuencia y que participa del Archivo Provincial de la Memoria “desde antes de su fundación”, reconoce.

PH: Gentileza Colectivo Manifiesto / La Tinta.

También, comenta que “en Córdoba, más allá de la figura emblemática de Menéndez, hubo un operativo de acompañamiento muy importante que tuvo varias aristas”. Así, destaca que es muy significativa, por un lado, “la relación entre la posibilidad de armar archivos y de tener pruebas para poder llevar adelante juicios”. Subraya que “lo que pasó en Córdoba es especialmente interesante cosa que no pasó en otros lugares”. Por otro lado, destaca la difusión y repercusión “que tuvieron los juicios acá”, que lograron que los adolescentes desde los 16 años puedan asistir a las audiencias. “Si un joven o una chica va a presenciar un juicio de éstos no se lo olvida de por vida, son experiencias que marcan y aquí en Córdoba se hizo mucho trabajo alrededor de eso, cosa que no pasó en otros lados”, insiste. “Córdoba es distinta” porque “se juntaron instituciones, movimientos, el Archivo, los grupos de los centros clandestinos, del D2, Campo de la Ribera, La Perla, una sociedad bastante movilizada con posibilidades de creación artística y comunicación propia. Se activó de una manera que no pasa en otros lados”, sostiene.

Para finalizar, comenta sobre su función como intelectual comprometida y describe: “No le puedo decir a nadie qué es lo que tiene que hacer o dejar de hacer, qué es lo que tiene que pensar o no, yo puedo dar herramientas para la reflexión, para la duda, para el cuestionamiento”. En definitiva, se pregunta: “¿Una maneja voluntariamente el olvido?… Uno puede manejar el silencio: de esto no voy a hablar. Pero recuerdos y olvidos no van por el lado de la voluntad de un tercero que te lo va a imponer”.

*Por María Eugenia Lunad Rocha (Área de Comunicación Museo de Antropología. UNC).