Imágenes que incomodan


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Durante la inauguración de la muestra SIN CENSURA de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) sede Córdoba, la antropóloga Natalia Bermúdez habló sobre la incomodidad que generan algunas imágenes. En este texto, señala el rol del fotoperiodismo y reflexiona sobre aquellas imágenes necesarias que transmiten o dicen algo por fuera de las intenciones de los fotografiados.

En virtud de esta muestra, compuesta por casi un centenar de imágenes, como antropóloga, invito a reflexionar sobre las “imágenes que incomodan” porque parece que allí, en la incomodidad que generan, es que reside alguna clase de poder.

Las personas se excitan cuando contemplan pinturas, esculturas, fotografías, las rompen, las mutilan, las besan, lloran ante ellas y emprenden viajes para llegar hasta donde están, se sienten calmadas por ellas, emocionadas, e incitadas a la revuelta, dice palabras más palabras menos, David Freedberg cuando se pregunta precisamente por el poder de las imágenes.

 Efectivamente, desde el período de entreguerras, las fotografías pasan a ser el modo dominante y más natural de remitirse, como dice Jonh Berger (2017), a las “apariencias”.  Las imágenes son manoseadas, ampliadas, almacenadas, trucadas, trocadas, manipuladas. El acto fotográfico se fue transformando en un rito social, especialmente porque conmemoran los logros de los individuos (bodas, compromisos, la obtención de trofeos, etc.). Esto es lo que lo vuelve popular para Sontang (2006). Procuran pruebas, certifican la experiencia.

Por eso es que una y otra vez cientistas, antropólogues, filósofes, historiadores del arte, etc., se preguntan por el poder de las imágenes….lo que nos daría pistas para entender el por qué de las censuras y/o de los actos iconoclastas.

Una de las respuestas que más me gusta es la de Susan Sontang, es cuando ella reflexiona sobre cómo la fotografía “suministra la mayoría de los conocimientos que la gente exhibe sobre el pasado y el presente” (2006).  ¿Qué quiere decir esto? Que antes las personas tenían conocimientos vinculados a imágenes mentales de experiencias próximas. Ahora el poder de las fotos se explica porque precisamente, repito, suministra la mayoría de los conocimientos que la gente exhibe sobre el pasado y el presente. Y por ello tanto cuidado en qué se muestra y cómo se hace.

Sabemos que uno de los mayores logros del fotoperiodismo reside en que la foto ya no ilustra el texto sino que el texto empieza a seguir a las imágenes. Provocan rupturas porque dejan de ser meramente literales, dejan de jugar el juego de la ilustración documental. Se “aprovechan”, en todos los sentidos, de las múltiples significaciones que puede tener una imagen.

La censura y el poder

Las imágenes que molestan pueden tener diversos contenidos, pueden ser de muchas formas. Hoy me interesa reflexionar sobre aquellas que dicen algo por fuera de las intenciones de los fotografiados. Y, tratándose de las figuras que retratran, creo que refieren a un valioso acto de rebeldía. En nuestros tiempos muchas fotos, siguen reproduciendo la intención de los poderosos, sobre todo la de los políticos, políticamente correctas, tuneadas por el marketing político, aparentemente ascéticas. Se ha instalado una especie de “gramática de la visualidad del poder”, que restringe nuestras nociones sobre qué mirar y sobre lo que tenemos derecho a mirar. Y encorseta a aquellos que tomamos fotos incluso de manera implícita, es decir, sin que necesariamente medien actos de censura.

El mayor acto de violencia con este tipo de fotos, dice Sontang, es que parece que no hubiera intervención. El mensaje es la supuesta “no intervención” y entonces no parece “apariencia”. Cuando, sabemos, lo es. Esta es otra explicación del poder que tienen las imágenes.

En cambio las que provocan una ruptura con esa intención del poderoso nos transportan a otro lugar. Si la imagen está suficientemente viva, siempre lo hace.

Estas fotos que fueron censuradas y que rompen con lo establecido, aunque sea retratando un mínimo gesto descontracturado, se produce otro contrato con el que mira. Se explicita la intención del fotógrafo que sugiere, que interpela, que invita a burlarse, a reírse, humanizarse, a cuestionarse…. Y cuando se explicita se torna más auténtico el acto fotográfico.

Una de las últimas respuestas que me gustaría colocar como antropóloga aquí, sobre el por qué del poder de las imágenes, reside precisamente en los señalamientos que Alfred Gell  establece para los objetos. Y como las fotos son también objetos, lo triago a la discusión. Para muchas sociedades los objetos pueden tener agencia. Agencia porque las personas pueden reconocer en ellos intenciones y verlos como sujetos de acción social. ¿Qué es entonces lo que hizo la censura?? Precisamente la censura le dio agencia a estas fotos-objeto. Quizás, antes las fotos tenían la agencia del fotoreportero que las tomó. Pero ahora, la censura las coloca en otra dimensión.  Les reconoce el poder que tienen de hacer cosas y de hacernos hacer cosas. Y ahora, como lectores y espectadores de esas imágenes podemos jugar, imaginar con los múltiples sentidos que tienen, cuestionar, tomar decisiones.

Las fotos necesarias

Para ir terminando, me gustaría traer a colación la discusión sobre la “foto necesaria”. Creo que las tres fotos censuradas, son sugerentes y son NECESARIAS. Aclaro de qué se trata. Ante la ausencia de imágenes de cadáveres al interior de los crematorios nazis existía para los algunos revisionistas (aquellos que ponen en tela de juicio el Holocausto) la posibilidad de argumentar su inexistencia y concluir que resultaba una exageración la maquinaria de muerte. En el libro “Imágenes pese a todo” (2004) Didí-Huberman plantea un contrargumento utilizando cuatro imágenes tomadas por prisioneros judíos encargados de la cremación, entierro y limpieza de las máscaras de gas. Cuatro tomas de espacios. No hay personas. Parece que no develan la fotografía “NECESARIA”. Pero por su contundencia y por ser imágenes tomadas valientemente por testigos presenciales, plantean una discusión sobre cuál  imagen es la necesaria para comprender el horror, para comprender un actos barbáricos, para mostrar el espanto.

Quería invitarles a pensar en estas tres fotos censuradas en relación con las otras que están a los costados (las fotos de Sonia Torres y su lucha, el juicio por la muerte de David Moreno a manos de un policía, por ejemplo)….y pensar qué nos sugieren de ese horror, de esos actos barbáricos, de ese espanto. Es decir pensar esas fotos como “NECESARIAS” en relación a estas.

Finalmente, y en el otro extremo, me gustaría también reflexionar sobre las fotos que muestran el horror, como en el caso de la de Manuel Balbo, linchado en un estadio de fútbol. Alejandra su mamá, tuvo fuertes cuestionamientos a la sobre-exposición de estas imágenes en los medios de comunicación. La pregunta es, ¿son “necesarias”? ¿Cómo hacer estas apuestas de ruptura -como me gusta llamar a estas imágenes-, en tanto obligación estética, artística, comunicacional pero sobre todo política, dejándonos permear también por lo que dicen, sientan y experimentas las víctimas.


Por Natalia Bermúdez
Antropóloga del Museo de Antropología – IDACOR – UNC.

Fotos: Irina Morán – Área de Comunicación Museo de Antropología – UNC.