Mesas rituales: para pedir y agradecer

Las mesas son una clase particular de ofrendas muy usuales en los Andes Centrales y del Sur que incluye a algunas partes del Noroeste Argentino. Están destinadas a diferentes tipos de seres y fuerzas, que la antropología usualmente denomina “no humanos”, y que en ocasiones pueden ser identificados como divinidades o seres poderosos. En Jujuy estas ofrendas son llamadas “sahumerios” y a veces se ofrecen a Pachamama durante el mes de agosto.

Las mesas o sahumerios se ofrecen con alguna intención, que suele resumirse en algún “pedido” (salud, prosperidad, multiplicación de los rebaños) y “agradecimiento” de lo recibido (es decir, aquello que se pidió en una ocasión previa). Pedidos y agradecimientos pueden involucrar muchos detalles y especificidades que hablan de los propios productos ensamblados, como de las relaciones y conversaciones particulares que las personas y las familias tienen con los seres no humanos a los que ofrendan desde hace años o décadas.

Las mesas se conforman de una gran cantidad de elementos, de distintos orígenes, colocados sobre una base de cartón o telgorpor. No siempre son fáciles de reconocer a simple vista porque pueden encontrarse molidos, partidos o mezclados entre sí. La lista de productos que pueden eventualmente usarse es muy grande y refieren a una geografía amplia: recolectados en diferentes partes de los Andes, pero también en las tierras bajas y en la costa marina, luego viajan en manos de las personas que los venden e intercambian en ferias y mercados especializados.

Algunos de los elementos que se ofrendan son: untu (grasa del pecho de camélido), q’oas (plantas para sahumar, típicas del altiplano), lanas de colores, semillas, frutos deshidratados, guano seco (estiércol) de diferentes animales, raíces, plumas de distintos pájaros, billetes de fantasía. Un elemento fácilmente identificable de estas mesas o sahumerios son los “misterios”: pequeñas tabletas manufacturadas a base de azúcar y harina, que en una de sus caras presentan figuras en relieve que aluden a las diferentes intenciones de las ofrendas; los misterios también se confeccionan en la forma de figuras que atraen suerte, como sapos, o de los pedidos realizados, como casas o cultivos.

La confección de las mesas o sahumerios depende estrechamente del trabajo y conocimiento de personas dedicadas al intercambio de los productos. Ellas hacen posible que estos elementos estén disponibles en lugares muy alejados de la geografía en donde fueron colectados. Además, muchas veces son estas mismas personas las que poseen los saberes específicos para ensamblarlos en ofrendas particulares. En algunos lugares, como en la frontera argentino-boliviana de las ciudades de Villazón y La Quiaca, las mujeres de origen boliviano encargadas del intercambio, venta y confección de ofrendas se conocen como “remedieras” y poseen puestos en ferias estacionales, así como en mercados estables.

Las personas interesadas, entonces, se acercan a sus puestos para adquirir estas ofrendas, que tienen dos modalidades: pre-armadas o confeccionadas en el momento. Las primeras, pre-armadas, se venden ya listas y cerradas, y fueron ensambladas teniendo en mente pedidos y agradecimientos de tipo general, entre las cuales los clientes pueden escoger y llevarse las de su agrado. Las segundas, en cambio, son ensambladas en el momento por alguna remediera en función de los pedidos que le hagan los clientes. En estos casos, las mesas se elaboran siguiendo de forma más precisa las intenciones, agregando y quitando elementos o realizando combinaciones particulares según lo que se converse en el momento.

En la frontera argentino-boliviana, los elementos fundamentales de estas ofrendas son el untu y la q’oa. Todas las mesas o sahumerios para pedir por prosperidad y salud en general, sean pre-armadas o confeccionadas en el momento, incluyen estos productos. Juntos, untu y q’oa son la base, el corazón, de cualquier ofrenda de este tipo. Luego, a partir de ellos, se agregan los productos que mejor combinan con las sugerencias de los clientes, para lo cual los conocimientos de las remedieras son imprescindibles. La intención final es ensamblar una mesa que será vista como un tipo de “comida” por parte de los seres no humanos, y entonces debe resultar seductora para comunicar de la mejor manera los pedidos y agradecimientos de las personas.

¿Cómo se ofrecen las mesas?

En el altiplano boliviano, las mesas se ofrecen mediante quema. En momentos rituales, sean aquellos marcados por el calendario anual productivo o aquellos asociados a algún pedido particular, las mesas son colocadas enteras sobre brasas para que sean consumidas por el fuego. En ocasiones el evento puede ser conducido por un especialista ritual, o bien por las propias personas o familias que adquirieron la ofrenda. En cualquier caso, se prestará especial atención al humo que se desprenda, a la forma del fuego, a los sonidos del crepitar: todos ellos son indicios de los modos en que la mesa está siendo recibida por los seres no humanos y consecuentemente constituyen una forma de conocer si el pedido o los agradecimientos están o no siendo aceptados y lo que es posible esperar en el tiempo que viene.

En la puna y quebrada jujeñas, en cambio, los sahumerios para Pachamama son utilizados de un modo diferente. Aunque se trata de las mismas mesas preparadas por las remedieras y que circulan por la frontera, los sahumerios se incorporan a las prácticas rituales de los pastores puneños mediante el entierro. En toda la puna y quebrada de Jujuy, las ofrendas de alimento a Pachamama durante agosto suponen la apertura de un pozo en la tierra, llamado “boca”, donde se ofrecen comidas, bebidas y otros productos, en un acto simultáneo de pedido y agradecimiento de prosperidad. La cantidad y tipo de productos ofrecidos suele variar en el tiempo, así como incorporar nuevas comidas y bebidas que tal vez no se usaban previamente. Aquí entran las mesas bolivianas, cuyo uso viene progresivamente aumentando en el norte argentino durante los últimos años, incorporándose como una nueva ofrenda a la boca, siguiendo los usos locales. La mesa no se deposita entera en el pozo, pero tampoco es integralmente quemada: en el norte argentina las mesas son desarmadas nuevamente. La q’oa, y en ocasiones los misterios, se colocan sobre brasas para sahumar, en las que arden al mismo tiempo las q’oas locales; las lanas de colores a veces se usan para adornar la boca y pueden ponerse también sobre las brasas; la grasa y el resto de los productos se ofrece como comida a la boca; los billetes se guardan para la buena fortuna; y la base de cartón o telgopor generalmente es descartada.

Texto: Francisco Pazzarelli – IDACOR-Museo de Antropologías y Lucila Bugallo – Universidad Nacional de Jujuy e Instituto Interdisciplinario Tilcara-Universidad de Buenos Aires.

Fotos: Paloma Laguens – IDACOR – Museo de Antropologías

*Las mesas rituales fotografiadas para esta nota se encuentran en la Reserva Patrimonial del Museo de Antropologías.

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